Johnny Hartman – I just dropped by to say hello
Diciembre 11, 2008

Revelador. Eso fue para mi descubrir a este cantante, revelador. Existe un antes y un después de escuchar a Johnny Hartman, y un montón de preguntas sin respuesta que surgieron al momento. Un ejemplo, una pregunta que no alcanzo a responderme es por qué apodarían a Frank Sinatra “La voz”, cuando no camina ni de cerca con el “swing” y el arte del otro, por no hablar de la cualidad vocal. Si no hubiera oído cantar a Johnny, ay…! Cuan feliz se es habitando en la ignorancia, sin hacerse preguntas que el mundo ya respondió por uno mismo. Ahora solo me queda el alivio de ponerme sus discos y dejar que esa voz acaricie y estimule mis oidos.
Diría que lo mismo me pasó cuando hace aproximadamente un año, el Sr. Navascues me hizo escuchar al tenor lírico italiano Beniamino Gigli en su casa, y desde aquí le agradezco que me ayudara a reforzar lo que un tiempo antes entendí al descubrir “I just dropped by to say hello” y otros discos de Johnny Hartman. A ninguno de estos dos cantantes, cada cual en su género, se les puede pillar un deje técnico a la hora de interpretar, apenas un tic. Nunca les escuchas pensar en colocar la voz, en voy a hacer… simplemente te lo cantan, y ahí te quedas con eso. No importa si algo es difícil o sencillo, tan solo sale de su voz eso que podríamos llamar Música (con mayúscula). Todo surge con absoluta naturalidad. Son auténticos cantantes. Es probable que haya más, pero para mi son estos dos en concreto los que me rompieron el coco. Su estilo es la ausencia de estilo, la total sencillez con la que solo unos pocos genios en la historia de la música pueden decir todo con menos. A esto añádanle que ambos tenía una voz tremendamente bella, y el don del matiz, de los colores (y quizás más en esto último el napolitano).
Ahora, si traigo a mi memoria la voz de uno de estos dos, la mayoría de los cantantes me resultan exagerados, histriónicos, histéricos, mientras que cada gorgorito, cada vibrato, me resulta innecesario, artificioso y francamente molesto. Normalmente no escucho a ninguno de estos atorrantes más que en algún bar, desayunando o comiendo mientras una tele sintoniza “40 latinos” por ejemplo. Nunca cuando estoy en mi casa, y por esto siempre suelo andar con unas ganas locas de llegar a mi coche o a mi pequeño estudio, de limpiar mis orejas con un baño de buen jazz, y que me pellizquen, pero también de saber que Johnny Hartman está ahí, que aunque no se le puede ir a ver a un concierto, su voz está ahí, que no fue un sueño. Y volver a tener certeza de que alguien alguna vez cantó así de bonito, así de íntimo, de que alguien alguna vez cantó. Esto me hace sentir bien por un rato. Mientras lo escucho pienso que el loco no soy yo, me acuerdo de Groucho Marx y también me quiero bajar del mundo en la próxima parada. Pero eso si, con un disco de Johnny Hartman.
Así que como en Matrix (“Si tomas la pastilla azul la historia termina. Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creer. Si tomas la pastilla roja estarás en el País de las Maravillas y te enseñaré cómo de profunda es la madriguera del conejo”) Mr. Hartman es un poco mi pastilla roja. Si ahora eres feliz, estás bien como estás y no te duele ni un poquito el alma, quizás mejor no escuches este disco.
Link a Spotify: Johnny Hartman – I Just Dropped by to Say Hello
Trago recomendado: un buen Whisky añejo, 12 años, tal vez un poco ahumado.
PD: a Kepa Junkera si le llegara; la grabación de todos los discos que hizo Johnny Hartman, se hubieran podido pagar con la mitad de la subvención que has recibido, a saber, 702.000 €. Para hacer música solo hay que tener el talento. A ver cuanta música eres capaz de comprar con ese o cualquier dinero. No hay mercados donde se compran dones, tonto. Yo solo estoy loco.
Y no de Johnny Hartman solo, sino todos los que hasta ahora he reseñado en este blog, que obviamente pienso son grandísimos discos, se han grabado con menos dinero en suma. ¡A que me bajo!
Joni Mitchell – Hejira
Diciembre 6, 2008
Yo creo que no se puede soportar tanto arte. Hay discos que uno tiene que dejar de escuchar para pasar a otra cosa en la vida, cantos de sirena que arrastran a los incautos como yo hacia oníricos paraísos, donde uno enloquece fantaseando. Este es uno de esos discos para mi. Al igual que este, debe de haber otros tres o cuatro discos con los que me sucede lo mismo, y es que no consigo dejarlos atrás. Hace quince años al menos que vengo escuchando “Hejira”. Es como una vieja carta que te niegas a tirar, pues en su día tuvo alguna importancia, y que encuentras en una caja de tanto en cuando, mientras buscabas un librillo de papel de liar para una emergencia de humo. Y ahí está de nuevo. Hace cuanto que no te paras a leerla, mientras ese trozo de papel sigue existiendo entre tus cosas, olvidado. Lo relees y…
Mola la imagen, pero creo que no es lo que pienso sobre esto (mas bien se me va la olla). Es la leche, el disco, quiero decir, umnh… Suena el primer tema, y dices… claro, que bueno. Siempre “Hejira”, y siempre abriendo “Coyote”. ¡Temazo! A mi me da la vuelta cada vez que lo escucho. ¡Patas arriba…! Joni Mitchell dispara con la voz y la acústica sin descanso, envolviéndote, engatusándote, llevándote al huerto, vamos, mientras un torrente de notas de bajo, jugando, caminando, retorciéndose gracilmente interpretadas por un ávido e inspirado Jaco Pastorius, que en esa época, joven y valiente (nunca será viejo ya), sabiéndose talentoso, gustándose y relamiéndose, nos regala su caminar tan particular y algunos recursos de inconfundible marca. Maravilloso. Además, el tema lleva una sútil percusión, lo cual le deja espacio al bajo para moverse cómodamente. ¿No todo el monte es orégano? Tal vez aquí si lo fue para el Sr. Jaco, que tocó en otros tres temas más en el disco, a saber: “Refuge of the Roads”, “Black Crow” y “Hejira”. El resto de los bajos son interpretados por Max Benett y Chuck Domanico, mucho más discretos y funcionales que el otro. Quizás es por esto que se equilibra el disco, y no es un disco de Jaco Pastorius con canciones de Joni Mitchell, sino un trabajo de esta última con temas realmente inspirados.
Después de “Coyote” viene otro corte, y luego otro mas, hasta completar los nueve que conforman este disco, y así te van llevando en volandas, sin que puedas pausar ni saltar ninguno de ellos. El hecho de que no hay arreglos como en el pop, sinó una intención mucho más abierta en la construcción de ambientes para las canciones, aprovechando para ello que las estructuras no son tan claras debido a la gran cantidad de letra que se escribió para cada tema, así como las particulares y variadas afinaciones que usa la autora en la guitarra, hacen que sin ser jazz, se destile un concepto jazzistico en la raíz. De ahí el fluir tan especial.
Por otra parte, Larry Carlton nunca hizo nada mejor (lo siento, pero lo creo profundamente) que grabar en este disco. Por suavizarlo un poco, al menos nunca en sus discos propios, ya que acumula una basta lista de grabaciones como sesionista, de las cuales yo no soy conocedor. Quizás es que no se graban muchos discos como “Hejira” en la historia de la música, y este es uno de esos discos que rompen el molde. Sus guitarras se presentan sutiles, coloreando aquí y allá, sin que nada indique que es el quien toca (ups, lo siento de nuevo, pero no me lo podía aguantar), alternándose con Mitchell en el uso de la acústica y la eléctrica. Un profesor hace años me pasó un casette con una vieja grabación de un tema de Larry (hablo de él como si lo conociera, perdón por la licencia) que no estaba nada mal, grabado antes de que este sufriera un accidente, creo que de caza (pero no me hagáis mucho caso) que casi se lo lleva de este mundo, y no ha dejado de dar gracias desde entonces haciendo mucho pastel merengado. Un tópico.
Creo que hay un tipo de músicos que se toman su propia carrera discográfica como una tarjeta de presentación para ser contratados en otros proyectos, algo así como gritándole al mundo; “¡Eh que estoy aquí y quiero trabajar, ganar mucho dinero! ¡Contrátame para grabar en tu disco, mira como molo!” A mi me resulta patética y dolorosa esta actitud, porque la sombra de perder el alma también siento que me acecha siempre. Pero hoy en día la autenticidad no es un valor en alza, pues para aquellos que puedan comprar lo que sea, hasta tu propia dignidad, ven en la falta de cualquier valor ajeno, tan solo una oportunidad. Creo que siempre fue así en realidad. En cualquier caso seguro que Larry Carlton es un gran profesional. Los músicos muchas veces gastaron toda su valía en la difícil decisión de aceptar su destino, y no les quedó nada para después. Pero perdonadme… siempre me alejo del tema principal.
John Guerin en la batería, Bobbye Hall en las percusiones, Victor Feldman toca el vibrafono en “Amelia”, y la colaboración de Neil Young tocando la armónica en ”Furry Sings the Blues” constituyen el elenco de instrumentistas que acompañó a Joni Mitchell en esta aventura, que en mi opinión es un hito en la historia de los discos y de la música, “Hejira”.
La colaboración con Pastorius llevó a Mitchell a conocer al guitarrista Pat Metheny, que ya colaboraba entonces con el pianista Lile Mays, y junto a Michael Brecker al saxo tenor y Don Alias en las percusiones defenderían estos y otros temas en una gira que culminó con la grabación de un directo mítico, “Shadows and lights”. Pero esto ya es otra historia, no? ¡Pues ala, a jugar a pala!
Siempre vuestro, siempre subjetivo, un servidor y su montaña!
Link a spotify: Joni Mitchell – Hejira
Weird Nightmare – Meditations on Mingus
Noviembre 23, 2008
¿Qué es peor que una pesadilla? Algo que parece una pesadilla pero no lo es.
Aparte de vivir en una ciudad grande, que no es lo mismo que una gran ciudad, me va a costar sacar de mi cabeza la imagen de esa chiquita que actuaba el otro día en la gala de los premios ONDA, Katy Perry. Acabo de encontrar su nombre en youtube, ya que merece ser mencionado. Los chicos de la banda, a los que no llamaré músicos, al menos por el espectáculo del otro día, iban disfrazados de rejoneadores o algo parecido, y ella, una guiri con el pelo recogido a lo folklórica, con un traje alquilado de la feria de abril, pero en una tienda de carnavales. Añádanle a la imagen el sonido de una voz desafinada y desagradable, porque se puede desafinar algo con gusto, pero… (suspiro)
No sigo por aquí porque me faltan palabras para expresar el horror que me produjo, pero ver la cara de sorprendidos que gastaban los presentadores de la gala, entre sonrojados y ofendidos, mereció la pena. Solo me imagino algo peor, y es que la voz del Follonero no dejara de sonar dentro de mi cabeza fuera donde fuese y a todas horas. Esta sería mi pesadilla.
Llevo varios días pensando si no me arriesgaba mucho al comentar un disco más complejo estéticamente (pudiendo perder a los dos o tres lectores que debo de tener), pues uno de los objetivos que me surgen naturalmente al escribir en este blog es poner mi granito de arena para difundir música que no tiene una gran repercusión mediática (por ello he tratado de mantenerme dentro de unos límites que yo juzgaba como adecuados para conseguir mi objetivo), y como consecuencia no es de tan fácil acceso para el gran público como el producto Katy Perry, que toca en la mencionada gala. Tampoco es que me importe el gran público. Qué se yo quien coñ* es y donde c*ño está. Sólo sé que por momentos este disco que se presenta así mismo como una extraña pesadilla, ahora se me presenta más como un cuento navideño. Gracias, Katy Perry. Es cuestión de prismas, y no quiero saber lo que para esta chica debe suponer una pesadilla. Sólo pensarlo me resulta obsceno.
Me consta que algunas personas (dos o tres) se han descargado varios de los discos sobre los que he escrito. Ahora pueden detestarme si realmente tienen extraños sueños tras escuchar este, o por el contrario se solidarizan conmigo y con mis delirios. Aquí pueden descubrir algunas músicas de Charles Mingus interpretadas por caballos de la escena jazzística contemporanea coregrafiados por Hal Willner, y más de uno se sorprendará al encontrar en algún tema la guitarra hilarante de Vernon Reid (Living Colour), o a Richard y Watts de los Stones transitando en este carrusel de sonidos al azar, junto a un buen número de nombres que participan en este homenaje.
Como estoy perezoso y tan parco en palabras como en imágenes musicales, os dejo un link donde Efren del Valle hace un comentario más centrado que el mío sobre el disco: http://www.tomajazz.com/musicos/mingus/vvaa_weird.htm
Recordando a mi amigo Dusan y su montaña, esto es lo que yo observaba desde la mía últimamente.
Me’Shell NdegéOcello – Bitter
Septiembre 26, 2008
Ya sé, puede resultar aburrido que siempre hable de discos que me gustan. Pero es mi blog ( y como dice el chiste, “el gato es mío y …”). Aunque los que me conocen saben que puedo ser venenoso criticando tantas cosas que me disgustan de este mundo como hablando tremendas barbaridades de los personajes que salen berreando sobre lo que no entienden, en las radios y otros medios de difusión, estresando mis oídos y otros innecesariamente, seguiré haciendo apología de la música que me trae buena energía, que es un decir. A pesar de que por ello se me acaben los adjetivos positivos. Si esto ocurre, repetiré adjetivos. Tampoco soy cantautor.
Dicho esto, con Bitter ha sucedido algo novedoso en mi vida (lo novedoso, seguro, es que yo me haya percatado). Le llega más directamente a otras personas que a mi. Esto debe suceder porque yo tengo alucinaciones musicales, quiero ver cosas donde no existen, puesto que me parecía este un disco complicado y me ha costado encontrar por donde incarle el diente. Sin embargo, alguien cuyo criterio musical respeto no tan solo por el afecto que le tengo, el otro día, tras la primera escucha al aire de uno de los temas del disco ya comentaba que le parecía muy bonito. Señalaba ese tema entre otros muchos que habían sonado y sonarían tras ese momento. Le llegó automáticamente, mientras yo me he pasado semanas intentando que el disco dejara algún tipo de huella en mi. Me movía la intuición de encontrarme ante un hecho musical hermoso, pero debía tener los oídos cerrados. Y quizás no fuera el único de mis sentidos atorados, no sé. Mucho curro, stress, lo mismo que cientos de personas… vaya.
Supongo que en una primera cita con una chica, sobre la que has oído hablar bien con anterioridad, pero a la que no has visto nunca, el resultado pueda ser cualquiera. Yo, por mi parte, continuaré evolucionando mi relación con la música de Me’shell NdegeOcello, a ver si me recupero del shock inicial.
De lo dicho hasta ahora, no deduzcáis que es un disco raro. Creo que es muy asumible, amable incluso, y no tan “amargo” como se presenta. Ella tiene una voz sensual, toca el bajo más que bonito, es una gran bajista de hecho, y creo que tiene cantidad de buenas ideas musicales. Y este disco en concreto es más pop de lo que yo mismo esperaba. ¡Malditas expectativas! Si que hay un par de momentos en los que me hace recordar a Pink Floid, pero os puedo prometer que no me drogo… en casa, que no me drogo… últimamente, que no me drogo cuando escucho música. Nunca, nunca!!!!
Pd: trataré de hablar menos de mí y más sobre la música en futuras ocasiones, pero así es como están las cosas en mi montaña, por el momento.
Jesse Harris and the Ferdinandos – While the music lasts
Septiembre 12, 2008
Bienvenido a mi vida, Jesse Harris. Que tío! Un gran compositor de canciones! Y un aparente desconocido, al menos así se aprecia desde mi montaña. Y aunque reconozco no estar muy enchufado al mundo, si lo suficiente para saber que no es muy popular el bueno de Jesse. No tanto como Bustamante, al que a mi pesar conocemos casi todos (siempre quedará algún asceta descarriado y feliz) en este país. Pero no os de pena. El tipo al menos tiene un Grammy en su casa. Si, con esa canción que versionaba Pat Metheny, que hizo popular una tal Norah jones (como estoy hoy, en fin…) y que ya lo comentaba yo más abajo en este mismo blog. El disco de Norah Jones, Come Away with Me, fue muy celebrado y Don’t know why no fué el único corte del señor Harris incluido en el mismo.
No dejo de pensar que no es un gran cantante, pero sólo Dios sabe como se reparten los talentos, y el que busque encontrar una gran voz no la encontrará en este disco. Eso si, defiende con gracia y descaro sus canciones, o al menos con estos ojos lo quiero mirar yo. Sin embargo, consigue un sonido pop arriesgado, crudo y fresco, desenfadado, de arrreglos sencillos y directos, magistralmente interpretados, y es que es muy muy musical. Ya dije antes que es un gran compositor, y esto se refleja particularmente en las melodías, de las que es un mago. Suena americano, hay tradición en su música (y particularmente en las guitarras), y a la vez contemporaneidad, así es que se entreve a una rata de ciudad (dicho con cariño), de Nueva York exactamente. Y así es como suena, a su vez, Bill Frisell, tradicional y vanguardista, que colabora en algunos temas manchándolos con colores de su guitarra, tan particular.
Pues eso. Me encanta el título, y la portada… y esa cara, esa mirada de pillo que se esconde tras esas gafas. ¿Quién es Jesse Harris? Todo un personaje, seguro. While the music lasts, una aventura agradable y emocionante.
Con esto doy por concluido de paso mi exilio estival. Y no, no he estado todo este tiempo a la sopa boba, más me hubiera gustado. Mucho amor y leña al mono. Ci vediamo!!
Link a Spotify: The Ferdinandos – While the Music Lasts
“Peter Erskine – You never know” y “ECM”
Julio 14, 2008
Para los que vivimos los 80 o emergimos musicalmente de ellos, fue complicado encontrar alternativas que encajasen con una sensibilidad más personal, si se quiere diferente de un sentir generacional o popular, populista diría yo. Era aquel un momento musical en que el rock y todas sus variantes junto con el punk arrasaban en todos los pueblos y capitales, y formar parte de una tendencia era casi imprescindible para lograr cierta integración social (rockabillys, moods, heavys, rastas… lo que quisieras). Las modas eran más definidas y fuertes si cabe que hoy, y tenían un componente muy importante de conciencia de clase.
En ese contexto tan agitado y belicoso, el sello discográfico ECM se convirtió para algunos en salvavidas estético, oasis para el oído y brújula que colocaba al norte de Europa en un lugar importante dentro de una nueva corriente dentro y fuera del jazz. De la mano de Manfred Eicher, fundador, ideólogo y productor de la mayoría de los discos, desde 1969 se dedicó a grabar a artistas que por no ser su propuesta convencional, etiquetable o fácilmente explicable para un sello mas claramente englobado en un género, no encontraban su lugar en ninguna otra discográfica. De ahí que artistas de la talla de Pat Metheny, Keith Jarret, The Art Ensamble of Chicago y muchos otros, que desde dentro del jazz apuntaban a músicas más abiertas y que no tenían el swing en su raíz, terminaran por cruzar el Atlántico y recalaran en Munich para grabar sus discos, donde ECM tiene su cuartel general.
Un buen ejemplo del sonido ECM, es este You never know, firmado por el batería Peter Erskine (aún hoy uno de los baterías en activo más respetados), al que acompañan el bajista Palle Danielsson y el pianista John Taylor, tres de los artistas más importantes y proliferos del sello. No es new age, no es jazz, no es pop… creo que la mejor definición es que es puramente música.
El disco se abre con New old age, una joya de tema, en el que el piano juega con un motivo rítmicamente reiterativo para crear una atmósfera de aire impresionista, en verdad delicada y de gran belleza, donde el bajo y la batería han de desarrollar nuevas formas de acompañar para no romper el clima. No es esta la única joya del disco, que pasa por diversas fases musicales, acercándose más al jazz por momentos y alejándose en otros, habitando en un lugar propio y donde se habla con una voz muy particular.
Volveré a hablar sobre ECM, pues no me cabe aquí y ahora todo lo que este pequeño e independiente sello a conseguido, navegando en un terreno casi abandonado, sin singles en cuarenta principales, con una música a veces experimental, otras tremendamente hermosa, dando cabida a la música clásica que nadie quería grabar, extendiendo su influencia a Sudamérica y a Norteamérica gracias a dos sub-sellos (Carmo y Watt respectivamente), donde un buen número de artistas tuvieron la posibilidad de realizar trabajos con cierta continuidad, y de crear música que no hubiera podido materializarse de otra manera, quizás.
Solo me queda estar agradecido, porque me ha dado mucho, y me consta que no soy el único. No seremos muchos, pero no estamos solos.
Trago recomendado: una buena taza de café, mañanero!
Scar – Joe Henry
Julio 8, 2008
Opaco. No es oscuro, es bonito. Bonito y opaco. Suena mate. Y me gusta. Me gusta como suena, mucho. Luego me doy cuenta de que es un disco de canciones. Con música, eso si. Con espacio para la música. Comunión entre dos elementos que muchas veces están subordinados el uno del otro.
Normalmente cuando se hacen canciones la música esta pensada para acompañar sin molestar, fundirse hasta desaparecer con la melodía y el texto, sin vocación de tener una voz propia. Cuando la música tiene el poder, pasa algo parecido. El texto queda en un segundo plano, relegado a una serie de coros reiterativos, un mero artificio para excusar un patrón rítmico y el desarrollo de melodías de solistas ávidos. También se han molestado muchas veces al querer compartir protagonismo, y esto quizá sea más culpa de la música que de la canción, aunque podríamos hablar largo y tendido sobre ello.
Pero este es un disco de canciones, se podría decir en cierta medida que es un disco de pop. Y me da envidia. Pienso; quiero hacer algo así. Vaya, me gustaría. Pero claro… me paro a pensar y me digo a mi mismo que tengo que hacerme mayor. Tengo que estudiar, volver al colegio… a ver si recupero alguna clase que seguro me perdí!
Luego ves los nombres de los músicos que reunió para este proyecto este cantautor, músico y productor californiano, y no sabes si te quedarías más perplejo al escuchar lo que les hizo grabar sabiendo que eran ellos los que tocaban, o si después de haberlo escuchado te hubieran dicho quienes eran. Excepto quizás Ornette Coleman, cuyo saxo indomable resalta y a la vez se empata de una manera que parece haber venido de otra galaxia. Y le gustó el jamón y el vino, se quedó y todo bien, pero es de otra galaxia, seguro.
Me’Shell NdegéOcello al bajo, esta mujer autora de varios e interesantes discos y figura muy importante en la evolución del A&B, trabajando codo a codo con uno de los baterías más recalcitrantes e interesantes del jazz actual, Brian Blade, en la base rítmica. Y por arriba, el piano de Brad Mehldau (el pianista sin duda más importante de la música improvisada) y la guitarra de Marc Ribot (otra vez, lo sé) van tejiendo texturas y creando situaciones sobre las que Joe Henry presenta sus canciones. Quizás la magia reside en que nadie juega en casa, y todos están buscando su sitio. Todos están tocando otra música, distinta a la que hacen cada día en sus proyectos. Y el resultado del experimento es magnífico. También la aparición de las cuerdas ayuda a darle a la ecuación cierta cohexión final, como la harina en una salsa, como el perejil de Arguiñano.
Un montón de ideas frescas en la producción, ejecutadas perfectamente y con el aire que solo le pueden imprimir a la música unos pocos cracs. Quizás uno de los discos que me ha gustado más en los últimos tiempos. De esos que te hacen recuperar la fe en el ser humano, en el arte y en la música en particular.
Un guitarrista con espíritu punk de New Jersey toca la música de un tresero y compositor cubano de mitad del siglo pasado. Las conexiones a través de la música como a través del tiempo, pueden ser sorprendentes.. Ellon son Marc Ribot y Arsenio Rodríguez respectivamente.
Es posible que detrás de cada canción alegre para bailar se esconda un bolero. Y es que no parece que se puedan disociar. Cuando estás contento enamoras, y cuando te enamoras… siempre vienen los palos (simplista, pero..). La vida es un sueño, único tema en el que la letra hace su aparición en forma de recitado, es una gran metáfora de la manera cubana de entender la vida, y por supuesto, de entender la música. La letra dice así:
Después que uno vive veinte desengaños
que importa uno más.
Después que conozcas traición en la vida
no debes llorar.
Hay que darse cuenta que todo es mentira
que nada es verdad.
Hay que vivir el momento feliz
hay que gozar lo que puedas gozar
porque sacando la cuenta en total
la vida es un sueño y todo se va.
La realidad es nacer y morir
por qué llenarnos de tanta ansiedad
todo no es más que un eterno sufrir
y el mundo está hecho de infelicidad.
Es muy probable que muchos hayan escuchado la guitarra de Marc Ribot sin saberlo, en alguna conocida canción de Tom Waits, en algún disco de Elvis Costello, acompañando a Joe Henry o a Cassandra Wilson… Participa como sesionista en cantidad de discos y también en proyectos de música no adecuada para el público pop, disonante y agresiva (y así no pecaré por omisón). El propio Ribot, para definir un festival en el que estaba involucrado en los noventa dijo; Yo quería llamarlo “El Festival de Música Estridente y Molesta”. Si el lo ve así que puedo decir yo para arreglarlo… no le invitaría a mi madre a ese festival.
No negaré que me siento atraído hacia esa música molesta como le ocurría a Ulises con las sirenas. Pero eso no es lo que pasa en este disco. En este disco Ribot desarrolla su lenguaje más amable (todo lo amable que pueda llegar a ser este tío), y da un recital de sonido y poética. Y a la vez se descubre como un gran conocedor de la música de Arsenio Rodríguez. De veras, un homenaje realmente especial, y un disco perfecto para acercarse al universo Ribot, a la música tradicional cubana, y para los que siempre nos quedamos con ganas de más en los discos de Costello y Waits.
Marc Moulin – I am you
Julio 3, 2008

Bienvenidos al difícil mundo de las etiquetas. Electrónica y Jazz, Jazz con fines bailables, o música de baile que utiliza el jazz como color sobre fondo dance. Nu jazz le llaman algunos. Creo que es muy genérico pero no pretendo ser un experto etiquetador. También creo que Marc Moulin a encontrado algo en esta dirección.
Aún hoy la modernidad, o las modas, crean recelos en gran parte de los consumidores de mp3’s. Pero no se trata solamente de una música de fondo o de temas para rellenar una sesión de un dj, ni de bases sacadas de la primera librería de samplers. Las dudas con respecto a cierto tipo de músicas debieran de caducar, pues al menos el paso de los años no suele perdonar y años lleva el artífice de este disco investigando sobre este concepto.
En cualquier caso, esto disco podría decirse que es un gran reserva en la bodega del jazz electrónico. Marc Moulin, un veterano de la escena jazzy europea, pianista, compositor y productor (su primer proyecto data de 1961, un trío de jazz para acompañar a músicos de la escena americana que paraban por Bruselas, su ciudad natal), escritor, hombre de radio y humorista, navega comodamente por el siglo XXI. Grooves sugerentes, electrónica sofisticada y agradable, baterías excelentemente grabadas, trompetas y saxos amables y llenos de tradición así como los pianos, hammonds y synths. Las voces femeninas parecen necesarias en una música sofisticada, y no faltan en I am you (2007). No se trata aquí de evolucionar el lenguaje de jazz, sinó más bien de encontrar una buena combinación de elementos. Sin la pretensión de cambiar el rumbo de la música, tan solo con la firme intención de hacer una música interesante (por cierto que el que busque un bombo a negras lo puede encontrar en este disco, pero solo en algún corte), elaborada con el mimo y la maestría de quien ha desarrollado su oficio durante años. Se descubre así Moulin como un sensualista encantador. No es casualidad que el sello blue note lo fichara para dar continuidad al concepto que más les a funcionado durante muchos años, un jazz de gran calidad, popular, amable y contemporáneo.
Durante los últimos años no se veía claramente que pasaría con el jazz, como todos los géneros hoy muy ramificados en cientos de tendencias, y menos se podía intuir donde aparecería aquel que fuera a la vez amable y contemporáneo sin pasarse de complejo o conceptual, y sin ser pastel. He aquí una de las propuestas más auténticas e interesantes del género, siempre bajo la opinión personal de un servidor.
link a spotify: Marc Moulin – I Am You
elvis costello & the imposters – the delivery man
Junio 29, 2008
¡Lo que no haya intentado Elvis Costello, madre mía! Intentado y conseguido en mi opinión, seamos subjetivos por un rato. Después de experiencias jazzisticas y coqueteos con la música clásica, y tras haber explorado todas las formas de la canción en el pop y rock, hace aquí su tercera colaboración con The Imposters, un disco fresco como una lechuga. Canciones enérgicas que destilan rock defendidas y cantadas como si fuera un adolescente (nacido en el 1954), con algunos momentos de ese pop elegante y maduro del que ha dado buena cuenta en discos como North. Con la compañía de Lucinda Williams, muy rockera en un número y de la elegante y siempre amable Emmylou Harris en tres de los otros cortes, este disco del 2004 (ahora en 2008 acaba de sacar su Momofuku, de nuevo con The Imposters) augura que tendremos Elvis Costello para rato.
Aunque es un tipo que levanta por igual pasiones en unos como es detestado por otros debido a su a veces histriónico estilo, creo que su trayectoria está fuera de tacha, dado que este out-sider excéntrico ha vivido estéticamente al margen de la “corriente mayoritaria”, y son ya unos cuantos discos (empezó su carrera en 1970) los que atesora a sus espaldas.
Creo que este es un buen disco con el que acercarse al imaginario de Declan Patrick MacManus (su verdadero nombre) para los que no lo hayan escuchado antes. Un disco refrescante para el verano, pero no refrescante como un helado en la playa, por cierto.
link a spotify: Elvis Costello & The Attractions – The Delivery Man (estos del espotify también se pinzan a veces, exonérenlos por el momento. ¡Anda que The Attractions!)






