Ya sé, puede resultar aburrido que siempre hable de discos que me gustan. Pero es mi blog ( y como dice el chiste, “el gato es mío y …”). Aunque los que me conocen saben que puedo ser venenoso criticando tantas cosas que me disgustan de este mundo como hablando tremendas barbaridades de los personajes que salen berreando sobre lo que no entienden, en las radios y otros medios de difusión, estresando mis oídos y otros innecesariamente, seguiré haciendo apología de la música que me trae buena energía, que es un decir. A pesar de que por ello se me acaben los adjetivos positivos. Si esto ocurre, repetiré adjetivos. Tampoco soy cantautor.

Dicho esto, con Bitter ha sucedido algo novedoso en mi vida (lo novedoso, seguro, es que yo me haya percatado). Le llega más directamente a otras personas que a mi. Esto debe suceder porque yo tengo alucinaciones musicales, quiero ver cosas donde no existen, puesto que me parecía este un disco complicado y me ha costado encontrar por donde incarle el diente. Sin embargo, alguien cuyo criterio musical respeto no tan solo por el afecto que le tengo, el otro día, tras la primera escucha al aire de uno de los temas del disco ya comentaba que le parecía muy bonito. Señalaba ese tema entre otros muchos que habían sonado y sonarían tras ese momento. Le llegó automáticamente, mientras yo me he pasado semanas intentando que el disco dejara algún tipo de huella en mi. Me movía la intuición de encontrarme ante un hecho musical hermoso, pero debía tener los oídos cerrados. Y quizás no fuera el único de mis sentidos atorados, no sé. Mucho curro, stress, lo mismo que cientos de personas… vaya.

Supongo que en una primera cita con una chica, sobre la que has oído hablar bien con anterioridad, pero a la que no has visto nunca, el resultado pueda ser cualquiera. Yo, por mi parte, continuaré evolucionando mi relación con la música de Me’shell NdegeOcello, a ver si me recupero del shock inicial.

De lo dicho hasta ahora, no deduzcáis que es un disco raro. Creo que es muy asumible, amable incluso, y no tan “amargo” como se presenta. Ella tiene una voz sensual, toca el bajo más que bonito, es una gran bajista de hecho, y creo que tiene cantidad de buenas ideas musicales. Y este disco en concreto es más pop de lo que yo mismo esperaba. ¡Malditas expectativas! Si que hay un par de momentos en los que me hace recordar a Pink Floid, pero os puedo prometer que no me drogo… en casa, que no me drogo… últimamente, que no me drogo cuando escucho música. Nunca, nunca!!!!

Pd: trataré de hablar menos de mí y más sobre la música en futuras ocasiones, pero así es como están las cosas en mi montaña, por el momento.

Bienvenido a mi vida, Jesse Harris. Que tío! Un gran compositor de canciones! Y un aparente desconocido, al menos así se aprecia desde mi montaña. Y aunque reconozco no estar muy enchufado al mundo, si lo suficiente para saber que no es muy popular el bueno de Jesse. No tanto como Bustamante, al que a mi pesar conocemos casi todos (siempre quedará algún asceta descarriado y feliz) en este país. Pero no os de pena. El tipo al menos tiene un Grammy en su casa. Si, con esa canción que versionaba Pat Metheny, que hizo popular una tal Norah jones (como estoy hoy, en fin…) y que ya lo comentaba yo más abajo en este mismo blog. El disco de Norah Jones, Come Away with Me, fue muy celebrado y Don’t know why no fué el único corte del señor Harris incluido en el mismo.

No dejo de pensar que no es un gran cantante, pero sólo Dios sabe como se reparten los talentos, y el que busque encontrar una gran voz no la encontrará en este disco. Eso si, defiende con gracia y descaro sus canciones, o al menos con estos ojos lo quiero mirar yo. Sin embargo, consigue un sonido pop arriesgado, crudo y fresco, desenfadado, de arrreglos sencillos y directos, magistralmente interpretados, y es que es muy muy musical. Ya dije antes que es un gran compositor, y esto se refleja particularmente en las melodías, de las que es un mago. Suena americano, hay tradición en su música (y particularmente en las guitarras), y a la vez contemporaneidad, así es que se entreve a una rata de ciudad (dicho con cariño), de Nueva York exactamente.  Y así es como suena, a su vez, Bill Frisell, tradicional y vanguardista, que colabora en algunos temas manchándolos con colores de su guitarra, tan particular.

Pues eso. Me encanta el título, y la portada… y esa cara, esa mirada de pillo que se esconde tras esas gafas. ¿Quién es Jesse Harris? Todo un personaje, seguro. While the music lasts, una aventura agradable y emocionante.

Con esto doy por concluido de paso mi exilio estival. Y no, no he estado todo este tiempo a la sopa boba, más me hubiera gustado. Mucho amor y leña al mono. Ci vediamo!!

Link a Spotify: The Ferdinandos – While the Music Lasts