¿Qué es peor que una pesadilla? Algo que parece una pesadilla pero no lo es.

Aparte de vivir en una ciudad grande, que no es lo mismo que una gran ciudad, me va a costar sacar de mi cabeza la imagen de esa chiquita que actuaba el otro día en la gala de los premios ONDA, Katy Perry. Acabo de encontrar su nombre en youtube, ya que merece ser mencionado. Los chicos de la banda, a los que no llamaré músicos, al menos por el espectáculo del otro día, iban disfrazados de rejoneadores o algo parecido, y ella, una guiri con el pelo recogido a lo folklórica, con un traje alquilado de la feria de abril, pero en una tienda de carnavales. Añádanle a la imagen el sonido de una voz desafinada y desagradable, porque se puede desafinar algo con gusto, pero… (suspiro)

No sigo por aquí porque me faltan palabras para expresar el horror que me produjo, pero ver la cara de sorprendidos que gastaban los presentadores de la gala, entre sonrojados y ofendidos, mereció la pena. Solo me imagino algo peor, y es que la voz del Follonero no dejara de sonar dentro de mi cabeza fuera donde fuese y a todas horas. Esta sería mi pesadilla.

Llevo varios días pensando si no me arriesgaba mucho al comentar un disco más complejo estéticamente (pudiendo perder a los dos o tres lectores que debo de tener), pues uno de los objetivos que me surgen naturalmente al escribir en este blog es poner mi granito de arena para difundir música que no tiene una gran repercusión mediática (por ello he tratado de mantenerme dentro de unos límites que yo juzgaba como adecuados para conseguir mi objetivo), y como consecuencia no es de tan fácil acceso para el gran público como el producto Katy Perry, que toca en la mencionada gala. Tampoco es que me importe el gran público. Qué se yo quien coñ* es y donde c*ño está. Sólo sé que por momentos este disco que se presenta así mismo como una extraña pesadilla, ahora se me presenta más como un cuento navideño. Gracias, Katy Perry. Es cuestión de prismas, y no quiero saber lo que para esta chica debe suponer una pesadilla. Sólo pensarlo me resulta obsceno.

Me consta que algunas personas (dos o tres) se han descargado varios de los discos sobre los que he escrito. Ahora pueden detestarme si realmente tienen extraños sueños tras escuchar este, o por el contrario se solidarizan conmigo y con mis delirios. Aquí pueden descubrir algunas músicas de Charles Mingus interpretadas por caballos de la escena jazzística contemporanea coregrafiados por Hal Willner, y más de uno se sorprendará al encontrar en algún tema la guitarra hilarante de Vernon Reid (Living Colour), o a Richard y Watts de los Stones transitando en este carrusel de sonidos al azar, junto a un buen número de nombres que participan en este homenaje.

Como estoy perezoso y tan parco en palabras como en imágenes musicales, os dejo un link donde Efren del Valle hace un comentario más centrado que el mío sobre el disco: http://www.tomajazz.com/musicos/mingus/vvaa_weird.htm

Recordando a mi amigo Dusan y su montaña, esto es lo que yo observaba desde la mía últimamente.