hartman

Revelador. Eso fue para mi descubrir a este cantante, revelador. Existe un antes y un después de escuchar a Johnny Hartman, y un montón de preguntas sin respuesta que surgieron al momento. Un ejemplo, una pregunta que no alcanzo a responderme es por qué apodarían a Frank Sinatra “La voz”, cuando no camina ni de cerca con el “swing” y el arte del otro, por no hablar de la cualidad vocal. Si no hubiera oído cantar a Johnny, ay…!  Cuan feliz se es habitando en la ignorancia, sin hacerse preguntas que el mundo ya respondió por uno mismo. Ahora solo me queda el alivio de ponerme sus discos y dejar que esa voz acaricie y estimule mis oidos.

Diría que lo mismo me pasó cuando hace aproximadamente un año, el Sr. Navascues me hizo escuchar al tenor lírico italiano Beniamino Gigli en su casa, y desde aquí le agradezco que me ayudara a reforzar lo que un tiempo antes entendí al  descubrir “I just dropped by to say hello” y otros discos de Johnny Hartman. A ninguno de estos dos cantantes, cada cual en su género, se les puede pillar un deje técnico a la hora de interpretar, apenas un tic. Nunca les escuchas pensar en colocar la voz, en voy a hacer… simplemente te lo cantan, y ahí te quedas con eso. No importa si algo es difícil o sencillo, tan solo sale de su voz eso que podríamos llamar Música (con mayúscula). Todo surge con absoluta naturalidad. Son auténticos cantantes. Es probable que haya más, pero para mi son estos dos en concreto los que me rompieron el coco. Su estilo es la ausencia de estilo, la total sencillez con la que solo unos pocos genios en la historia de la música pueden decir todo con menos. A esto añádanle que ambos tenía una voz tremendamente bella, y el don del matiz, de los colores (y quizás más en esto último el napolitano).

Ahora, si traigo a mi memoria la voz de uno de estos dos, la mayoría de los cantantes me resultan exagerados, histriónicos, histéricos, mientras que cada gorgorito, cada vibrato, me resulta innecesario, artificioso y francamente molesto. Normalmente no escucho a ninguno de estos atorrantes más que en algún bar, desayunando o comiendo mientras una tele sintoniza “40 latinos” por ejemplo. Nunca cuando estoy en mi casa, y por esto siempre suelo andar con unas ganas locas de llegar a mi coche o a mi pequeño estudio, de limpiar mis orejas con un baño de buen jazz, y que me pellizquen, pero también de saber que Johnny Hartman está ahí, que aunque no se le puede ir a ver a un concierto, su voz está ahí, que no fue un sueño. Y volver a tener certeza de que alguien alguna vez cantó así de bonito, así de íntimo, de que alguien alguna vez cantó. Esto me hace sentir bien por un rato. Mientras lo escucho pienso que el loco no soy yo, me acuerdo de Groucho Marx y también me quiero bajar del mundo en la próxima parada. Pero eso si, con un disco de Johnny Hartman.

Así que como en Matrix (“Si tomas la pastilla azul la historia termina. Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creer. Si tomas la pastilla roja estarás en el País de las Maravillas y te enseñaré cómo de profunda es la madriguera del conejo”) Mr. Hartman es un poco mi pastilla roja.  Si ahora eres feliz, estás bien como estás y no te duele ni un poquito el alma, quizás mejor no escuches este disco.

Link a Spotify: Johnny Hartman – I Just Dropped by to Say Hello

Trago recomendado: un buen Whisky añejo, 12 años, tal vez un poco ahumado.

PD: a Kepa Junkera si le llegara; la grabación de todos los discos que hizo Johnny Hartman, se hubieran podido pagar con la mitad de la subvención que has recibido, a saber, 702.000 €. Para hacer música solo hay que tener el talento. A ver cuanta música eres capaz de comprar con ese o cualquier dinero. No hay mercados donde se compran dones, tonto. Yo solo estoy loco.

Y no de Johnny Hartman solo, sino todos los que hasta ahora he reseñado en este blog, que obviamente pienso son grandísimos discos, se han grabado con menos dinero en suma. ¡A que me bajo!

Joni Mitchell – Hejira

diciembre 6, 2008

hejira

Yo creo que no se puede soportar tanto arte. Hay discos que uno tiene que dejar de escuchar para pasar a otra cosa en la vida, cantos de sirena que arrastran a los incautos como yo hacia oníricos paraísos donde uno enloquece fantaseando. Este es uno de esos discos para mi. Al igual que este, debe de haber otros tres o cuatro discos con los que me sucede lo mismo, y es que no consigo dejarlos atrás. Hace quince años al menos que vengo escuchando “Hejira”. Es como una vieja carta que te niegas a tirar, pues en su día tuvo alguna importancia, y que encuentras en una caja de tanto en cuando, mientras buscabas un librillo de papel de liar para una emergencia de humo. Y ahí está de nuevo. Hace cuanto que no te paras a leerla, mientras ese trozo de papel sigue existiendo entre tus cosas, olvidado. Lo relees y…

Es la leche, el disco, quiero decir, umnh… Suena el primer tema, y dices… claro, que bueno. Siempre “Hejira”, y siempre abriendo “Coyote“. ¡Temazo! A mi me da la vuelta cada vez que lo escucho. ¡Patas arriba…! Joni Mitchell dispara con la voz y la acústica sin descanso, envolviéndote, engatusándote, llevándote al huerto, vamos, mientras un torrente de notas de bajo, jugando, caminando, retorciéndose gracilmente interpretadas por un ávido e inspirado Jaco Pastorius que en esa época, joven y valiente (nunca será viejo ya), sabiéndose talentoso, gustándose y relamiéndose, nos regala su caminar tan particular y algunos recursos de inconfundible marca. Maravilloso. Además, el tema lleva una sútil percusión, lo cual le deja espacio al bajo para moverse cómodamente. ¿No todo el monte es orégano? Tal vez aquí si lo fue para el Sr. Jaco, que tocó en otros tres temas más en el disco, a saber: “Refuge of the Roads“, “Black Crow” y “Hejira“. El resto de los bajos son interpretados por Max Benett y Chuck Domanico, mucho más discretos y funcionales que el otro, aunque no por eso menos efectivos. Quizás es por esto que se equilibra el disco, y no es un disco de Jaco Pastorius con canciones de Joni Mitchell, sino un trabajo de esta carismática y talentosa canadiense con temas realmente inspirados.

Después de “Coyote” viene otro corte, y luego otro mas, hasta completar los nueve que conforman este disco, y así te van llevando en volandas, sin que puedas pausar ni saltar ninguno de ellos. El hecho de que no hay arreglos como en el pop, sinó una intención mucho más abierta en la construcción de ambientes para las canciones, aprovechando para ello que las estructuras no son tan claras debido a la gran extensión del texto en cada tema, así como las particulares y variadas afinaciones que usa la autora en la guitarra, hacen que sin ser jazz (al menos no lo es todo el rato), se destile un concepto jazzistico en la raíz. De ahí el fluir tan especial. Eso y que la buena de Joni Mitchell canta lo que no está escrito, tiene un talento especial para frasear y jugar con el tempo, una afinación y control del instrumento prodigiosos (a pesar de fumar desde muy temprana edad, aviso a navegantes), mover acentuaciones en las frases, cantar jazz como sin querer decirlo pero dar miedo como demuestra en el tema Blue Motel Room y más tarde en el disco Mingus, otro de mis favoritos.

Por otra parte, Larry Carlton nunca hizo nada mejor (lo siento, pero lo creo profundamente) que grabar en este disco. Por suavizarlo un poco, al menos nunca en sus discos propios, ya que acumula una basta lista de grabaciones como sesionista, de las cuales yo no soy conocedor. Quizás es que no se graban muchos discos como “Hejira” en la historia de la música, y este es uno de esos discos que rompen el molde. Sus guitarras se presentan sutiles, coloreando aquí y allá, sin que nada indique que es el quien toca (ups, lo siento de nuevo, pero no me lo podía aguantar), alternándose con Mitchell en el uso de la acústica y la eléctrica. Un profesor hace años me pasó un casette con una vieja grabación de un tema de Larry (hablo de él como si lo conociera, perdón por la licencia) que no estaba nada mal, grabado antes de que este sufriera un accidente, creo que de caza (pero no me hagáis mucho caso) que casi se lo lleva de este mundo, y no ha dejado de dar gracias a “Él” desde entonces, haciendo mucho demasiado pastel merengado. Un tópico.

John Guerin en la batería, Bobbye Hall en las percusiones, Victor Feldman toca el vibrafono en “Amelia“, y la colaboración de Neil Young tocando la armónica en “Furry Sings the Blues” constituyen el elenco de instrumentistas que acompañó a Joni Mitchell en esta aventura que en mi opinión es un hito en la historia de los discos y de la música, “Hejira”.

La colaboración con Pastorius llevó a Mitchell a conocer al guitarrista Pat Metheny, que ya colaboraba entonces con el pianista Lile Mays, y junto a Michael Brecker al saxo tenor y Don Alias en las percusiones defenderían estos y otros temas en una gira que culminó con la grabación de un directo mítico, “Shadows and lights“. Pero esto ya es otra historia, no? ¡Pues ala, a jugar a pala!

Siempre vuestro, siempre subjetivo, un servidor y su montaña!

PD: La única recomendación es que no se tomen en serio probar el sirope de arce, pero un vermú embotellado de la casa Izaguirre puede muy recomendable para esta mañana de domingo

Link a spotify: Joni Mitchell – Hejira