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¿Por qué “Harvest Moon” y no “Harvest“? Esto es lo que seguro se preguntarían algunos aficionados a la música de este canadiense sexagenario. 20 años de diferencia entre ambos trabajos, nada más y nada menos. Harvest fue grabado en 1972 y Harvest Moon en 1992. Sencillamente yo nací después de que grabara el primero de ambos (no mucho después, por cierto…), mientras que el segundo fue mi primer encuentro serio con la música de Neil Young. Después si que escuché Harvest, pero nunca llegó a calar en mi como lo hizo su hermano pequeño.

Me encantan las canciones, tan sencillas, así como las simples melodías de la armónica o la eléctrica que las completan o complementan, dentro de un ambiente unplugged donde la guitarra acústica de Neil Young es el pilar que sujeta toda la estructura. Es tan evidente la música como inspirada, fluye tan naturalmente, que no has de tomar ningún esfuerzo para escucharla, tan solo pulsar play y dejarte llevar. Pero ahí quizás radica su grandeza. Todo gira en torno al calor de la acústica, que está tañida con auténtico relajo y sabiduría (contrastando con la energía alucinante con la que en su faceta más eléctrica el Sr. Young violenta esa guitarra distorsionada), propio de alguien que nace en un país donde las distancias entre poblaciones son transitadas por interminables carreteras, junto al las cuales sigue hoy aullando el “coyote” de Joni Mitchell.

Le acompañan en esta aventura musical “The stray gators” (Jack Nitzsche – piano, Ben Keith – steel guitar y productor, Tim Drummond – bajo y Kenny Buttrey – baterista) excepto porque el pianista Jack Nitzsche aparece en esta segunda entrega como arreglista en algún tema y es sustituido a las teclas por Spooner Oldham. James Taylor y Linda Ronstadt, ambos participantes de la grabación del 72, completan con sus coros el grupo principal de músicos que participan en esta segunda grabación.

Y ahora voy en diagonal, con permiso.

Hace un tiempo, un amigo muy “moderno”, pero una persona muy querida para mi, me decía en relación al sonido del disco que esta era una música para “volver a casa” (refiriendose al aspecto un tanto country, sin que le faltara cierta razón), y que aun no había tenido tiempo de regresar, expresado con un matiz que denotaba el poco deseo de que el tiempo de volver llegara, o al menos el de mirar atrás. También se destilaba cierta maliciosa ironía. Él es del mismo Lasarte, pueblo en el que ambos nos criamos y del que yo partí hace casi siete años, y esta anecdota sucedía en Barcelona hace aproximadamente  dos o tres, donde ambos coincidimos por un tiempo. El caso es que por el momento yo sigo aquí y él regresó al hogar patrio. Otra pequeña ironía que sirve como cariñosa (y gustosa) revancha. Lo que me lleva a pensar que también esta música sirve para irse, no solo para volver.

Y además, ¿cuánto dura un disco? Dejarse envolver por una atmósfera musical o que esta te inspire, dejar que te pegue un revolcón o te acaricie, que te evoque el pasado o el futuro, o bien represente el momento mismo en el que te encuentras, ya que un disco rara vez dura mas de 50-60 minutos, pues tampoco ha de ser para tanto. O si, o no, o ¡yo que sé!.

Esto mismo lo adornamos con un poco de perejil (en homenaje al más grande, karlos Arguiñano), y deseando que salga el sol en tu montaña, si no mañana pues pronto, hasta ídem me despido.

Link a Spotify: Neil Young – Harvest Moon