Aztec Camera – Stray

enero 4, 2010

actec camera stray

Si algo importante pasó en la tierra al unirse hace millones de años las dos Américas y separar así Pacífico y Atlántico, o al vaciarse el Mediterráneo para llenarse milenios más tarde con sus correspondientes consecuencias y efectos en cadena, algo así ocurrió con la música entre los 80 y los 90, momento en el que se da un cambio de dirección en la estética importante, en cuanto a la forma de grabar y sobre todo, en cuanto al sonido. La cosa no volvió a ser igual después, y es ese preciso momento de cambio en el que Roddy Frame y sus compañeros de tripulación se embarcan en la grabación de Stray.

Corría el año de gracia de 1990. La reverb iba a dejar de tener ese protagonismo nefasto que durante toda la década de los 80 marcó cantidad de grabaciones (esas cajas y esos bombos, uff…), en mi opinión (siempre en mi opinión, bah! Maldigo lo políticamente correcto desde aquí y ahora, y mi corrección en particular la maldigo sobremanera), cerrando las puertas de la historia a muchos grandes trabajos discográficos y preciosas canciones. Y no solo la reverb, sino las programaciones, al igual que los pianos y las cuerdas sintetizadas contribuyeron casi en la misma medida al desastre estético. Vamos, que de momento y si no se demuestra lo contrario, nunca antes hubo una moda musical en la historia del “hombre cultural” tan rápidamente caduca, tan efímera.

Así es que estamos sobre la delgada línea roja, donde aun quedan algunos resquicios del pasado, pero comienza a vislumbrarse una luz al final del túnel, lo cual sitúa este disco entre dos épocas, siempre haciendo referencia al sonido. Sin embargo, desde lo musical algo debe de ocurrir para que alguien como yo, que prácticamente sea poco aficionado tanto al pop como al rock, y que no logre superar la barrera estética que representa ese sonido “ochentero”, aun siendo adolescente y consumidor potencial en el momento en el que se pertrechaba el crimen, adore este disco.

Tal vez este disco no vaya a aparecer entre los mejores del rock en ninguna de las listas de la revista “Rolling Stone” ni en la de los “1001 que hay que escuchar antes de morir“… pero sin duda, es un disco en cualquier caso mucho mas bello que la mayoría de los que en la misma suelen figurar, en opinión de esta oreja. No es que yo compre la revista de marras, pero hace unos días tuve la oportunidad de revisar la lista de los 100 mejores discos de la década del 2000 y opá… o ellos vienen de otro planeta o el alienígena soy yo (esto último es lo más probable, sin duda).

Enfilando hacia lo musical. Una lírica excepcional, un gran repaso de muchas de las líneas fundamentales del rock y del pop británico, tanto armónicas como estructurales dando la sensación de escuchar un trabajo completo, de esos que se devoran de principio a fin, y que más que saltar canciones uno tiene por momentos el deseo de rebobinar para escuchar de nuevo un pasaje fascinante, la entrada a un solo o un sorprendente puente. Los temas más enérgicos y rockeros nunca pierden la fluidez melódica, sin dejar de ser rítmicamente poderosos por ello, y sin dejar de lado el descaro con el que los británicos han seducido al mundo moderno, descaro al que se podría añadir cierta ingenuidad adolescente. Mientras el rock transita por el imaginarío más puramente británico, las baladas son empujadas hacia el jazz para desnudar la voz del sr. Frame, que luce aquí mejor que nunca, dando espacio para movimientos preciosistas del bajo y permitiendo que la guitarra coloree, juguetona, encontrando acordes y voicings interesantes, siempre ubicada y lírica, sumando al global en todo momento, superando la fea y fría barrera de la funcionalidad, para ser contrapunto ahora insustituible de una voz que sale realzada, arropada en todo momento.

Para los que no conocierais esta banda ni el disco en cuestión, creo que puede resultar una agradable sorpresa, un disco sin aristas que se deja degustar amablemente, en contraposición a algunas de las recomendaciones que voy haciendo habitualmente, las cuales suelen acompañarse de un regusto amargo, o directamente son huesos duros con los que hay que lidiar para sacar algo de provecho. De cualquier manera, parece que seguiré aquí por tiempo indefinido, sin prometer periodicidad determinada, eso si, dando un pequeñísimo empujón a una música que sin tener vocación de ser enterrada como la mayoría, queda ahogada por la vorágine y la velocidad bárbara de los tiempos que vivimos.

Un disco que 10 de cada 9 tahures recomiendan escuchar mientras uno se baja pausadamente una copa de Drambuie (“el licor que satisface” según los gaélicos), maravilloso trago de origen escocés, al igual que Aztec Camera en su formación primera, antes de ser una interminable lista de músicos que acompañan a Roddy Frame bajo el nombre de la agrupación original, que tan solo logró mantenerse tal cual en el primer Lp. Por cierto que en esta ocasión, la orquestación del personal corrió a cargo de dos míticos productores, Russ Titelman (flipando con su curriculum) y  Tommy LiPuma (aunque este último, con ese nombre, habría podido ser cualquier cosa, boxeador, mafioso… también con un historial de producciones que quita el hipo).

Así que con este disco recibo el nuevo año y despido un 2009 al que muchos teníamos ganas de perder de vista con la esperanza, infructuosa, de que simplemente el cambio de número nos traería mejor suerte o al menos una cesta de navidad. Otra cosa es que el tiempo parece tener la virtud de mover las cosas, aun cuando uno se quede quieto, y ahí si, queda más 2010 para esperar que algo bueno suceda, antes de que comencemos a desear que también se termine.

el link spotify: Aztec Camera – Stray