Ralph Towner – Time line

febrero 23, 2010

Link: Ralph Towner – Time Line

Hoy vendo paz y armonía, arte y maneras, técnica y poesía, trabajo y amor, pasión por un instrumento, delicias de sonido. Solo una guitarra otra vez, solo un hombre con su instrumento, Ralph Towner. Y digo otra vez porque este blog comenzaba su andadura con un post sobre un disco de similar concepto, One quiet night, de Pat Metheny.

Nunca entraré en diatribas sobre si el instrumento más completo es tal o pascual, el que mas bonito suena… Cuántas veces me han preguntado en mi vida por el instrumento más difícil de tocar o cosas así (si me dieran un euro por cada vez). A las personas les gusta esa épica, en fin. Incluso a algunos músicos aburridos les gusta este tipo de discusiones. ¡Qué se yo, quién sabe! El caso es que la guitarra es, sin duda, un gran instrumento, y tocado con arte por un gran maestro puede dar luz a un disco hermoso y generar una música que incite a soñar, que sugiera e inspire el uso de otros sentidos que no el oído simplemente. Si cierras los ojos, evoca olores, imágenes y sensaciones abstractas que no aparecen en lo cotidiano, quizás por no disponer del tiempo necesario, ni de la calma mental, de la paz. Tal vez sea esa la “línea de tiempo” que nos lanza Ralph Towner, vía ECM (donde lleva instalado no pocos años), para gozar de la música y de unas composiciones de carácter intimista, de unas armonías un tanto impresionistas y de su ritmo particular y ambiguo, travieso, que suscita un mundo mágico en el que las palabras (esas que pululan en tu mente, pues no las hay en el disco, si acaso alguna respiración del propio Towner  que se escucha prestando mucha atención) se funden con el paisaje hasta desaparecer, hasta hacerse innecesarias, para no interponerse entre el oyente y un mundo de “innombrables” sensaciones.

“The pendant”, tema que abre el disco, es modulante, pendular, desafiando la gravedad, perdiéndose en la niebla para aparecer, tomar cuerpo y volver a desdibujarse. “Oleander Etude”, mucho más terrenal, más enérgica, el juego y deseo mas adolescente, casi infantil, o todo o nada, se dibuja en mi cabeza como una escena de recreo en un patio de colegio con las paredes de hormigón, una canasta y unas porterías (que le voy a hacer si se me dispara la imaginación). “Always by your side”, donde el amor pierde la temporalidad para convertirse en algo etéreo que perdura y se queda suspendido como un pensamiento, donde una mirada se congela como una foto y después entra por la ventana en forma de sonido, café con leche y la cama sin hacer. “The hollows”, donde alguien se pasa las manos por la cabeza y se la sacude como si quisiera sacarse alguna idea obsesiva que le pica en la mente, como si tuviera un bicho enmarañado en el pelo. Parece por un momento que se haya ido, pero lo que sea que está molestándote vuelve una y otra vez. No importa lo que intentes, no puedes dejar de pensar en ello. Puedo ver al bailarín sentado en una silla e imaginar sus movimientos.

La calma regresa con “Anniversary song”, una celebración sin fiesta ni grandes gestos, una terraza y una botella de vino al anochecer en una plaza bonita del mediterráneo francés, mesa con mantel a cuadros, un cigarro en un cenicero  y la mer de fondo… El sol sale en “If”, donde niños juegan con otros niños en un parque verde, mientras sus padres, sentados en un banco de madera junto a otros padres, sonríen las gracias de los pequeños  y a ratos se preguntan para qué sirve la vida, desando tal vez, que todo desemboque en una barbacoa con amigos que no es seguro que tengan. Pero quien sabe, si hay deseo puede haber aun esperanza, y además, ha salido el sol en invierno (invento e imagino).

“Five Glimpses”, obra en cinco movimientos o bien como dice el propio título, cinco ojeadas, cinco miradas rápidas de las cuales, la más duradera alcanza justo el minuto. Más bien cinco inspiraciones que pasan en un suspiro. “The lizards of Eraclea” describe el movimiento ágil en los juegos y cacerías de los lagartos de Eraclea, de colores vivos  y hermosos, de nuevo con el Mediterráneo como fondo, siendo esta vez sugerido el marco no únicamente por mi imaginación sino por el propio título. En “Turning of the leaves” parece que estemos en otoño, esa gran estación creativa y metafórica, con el viento agitando las ramas y todo un manto de hojas sobre las que pasea un anciano con las solapas del gabán bien ceñidas al cuello. Un cielo gris metálico da contorno a los fantasmagóricos árboles desnudos, mientras las hojas bailan en remolinos dando forma al movimento del aire, como el traje de un hombre invisible.

Aparece a continuación una deliciosa versión del clásico jazz standard “Come rain or come shine”, mil veces interpretado y grabado, composición de Harold Arlen con letra del grandísimo Johnny Mercer, para el musical “St. Louis woman” de 1946, cuya letra dice así:

“I’m gonna love you, like nobody’s loved you

Come rain or come shine

High as a mountain, deep as a river

Come rain or come shine

I guess when you met me

It was just one of those things

But don’t you ever bet me

‘Cause I’m gonna be true if you let me

You’re gonna love me, like nobody’s loved me

Come rain or come shine

We’ll be happy together, unhappy together

Now won’t that be just fine

The days may be cloudy or sunny

We’re in or out of the money

But I’m with you always

I’m with you rain or shine”

Y ahora, enfilando el final del disco, aparecen las cuerdas de metal, las de una guitarra de 12 cuerdas, de la que sin duda Ralph Towner es uno de los maestros más importantes. El tema “Freeze frame”, trata de descongelar una imagen donde el frío es sugerido a través del contraste entre la acústica de sonido metálico con la calidez de las cuerdas de nylon usadas hasta ahora en los temas anteriores. Y otro tema clásico, “My man’s go now” escrito para la opereta Porgy and Bess en 1935 por George Gershwin cierra este disco al que ya le he puesto demasiadas palabras, más de las que seguro nadie necesita para interpretarlo libremente y disfrutarlo a su manera.

Y hasta aquí lo que vendría a ser la recomendación musical de hoy, que pueden acompañar con una copa de buen vino tinto, ligero y aromático, de los que entran bien como aperitivo.

Aténtamente se despide hasta pronto, siempre suyo:

Alibadal

9 comentarios to “Ralph Towner – Time line”

  1. olga said

    Pues sigo sin verlo, pero me gusta cómo lo describes. Como se dice en las rupturas: “Tranquilo, no eres tú, soy yo que no soy digna de tí” jajajajaj. Bueno Don Santi, intentaré dejar huella cuando pase por aquí, pero me cuesta, me cuesta….. siempre prefiero ser invisible! Saludos! OLGA.

  2. marta said

    ei, aquí tienes mi huella! desde mi más humilde conocimiento musical, ya me gustaría saber aunque solo fuera una cuarta parte de lo que sabes. te lo dije una vez y lo repito… es un placer oirte hablar de música. sigue así maestro!!! y gracias por compartir!!! muxus!!!

  3. Santi Noriega said

    No hay nada que ver, Olga, solo dejarse ir. Lo que tiene el lenguaje de la música es que lo que no está lo pones tú si hiciera falta, y también se puede disfrutar con lo que hay. Cada persona, una emoción, una interpretación.
    Gracias, Marta, por la visita.
    Un besazo!

  4. Evitalios said

    Un texto redondo. Me quedo con todo lo que no conocía, que era mucho. Con el dejarse llevar. Cuando describes lo que te sugieren las canciones veo postales… De cada tema, un relato. Gracias, Santi. Un beso!

  5. edorta said

    A falta de la escucha del disco (ya viene cabalgando), coincido contigo en que Towner es el maestro de la evocación, con piezas donde no se sabe dónde acaba la armonía y dónde empieza la melodía; me veo hace años escuchando obsesivamente aquel “Solo Concert” que se llenaba de matices en cada vuelta de la cinta… Towner supo mantener el tipo en unos años en que muchos se pasaron al sonido facilón del New Age, y siguió dándonos música de la más alta calidad, nada monótona y llena (como bien refleja tu excelente post) de evocaciones…
    …A ver si reseñas algún disco de Oregon!

  6. Sr Mussol said

    Que agradable descubrir mas comentadores en el blog.
    Un muy interesante descubrimiento, no había escuchado nada de Towner, al menos conscientemente, si ‘One quiet night’ es uno de mis discos de cabecera a partir del nacimiento de este blog este puede ser un interesante contrapunto, lo escuchare más, lo escucharé mejor y lo más probable es que se quede mucho tiempo a mi lado.

  7. Werty said

    Ralph Towner es de los mejores guitarristas que hay sin duda. Su trabajo con Paul Winter Consort es increible, sobre todo en el disco “Icarus”. De él como solista, lo que mas me ha gustado es “Solo Concert”.
    Este disco lo iba a comprar, pero cuando llegue a la disquiera, alguien se me habia adelantado. Luego lo baje y me encanto.

    Te dejo mi blog. Es de musica.
    http://www.rv-blackbeauty.blogspot.com

    Saludos!

    • Santi Noriega said

      Gracias por la visita y por el comentario. Seguiré tu blog y así salgo de mi cabeza un rato, es reconfortante. Un saludo!

  8. Mario said

    Hola Santi…
    Leerte es escuchar. Es dejarse llevar por un montón de sonidos sin fronteras. No puedo decirte qué me ha gustado más… Con qué me quedo, aunque, de verdad de la buena, creo que he encontrado aquí mucha más información (y aprendizaje) que en muchos ratos de Radio.
    Pero seguiré escuchando el sonido in crescendo de tus letras versadas. Lo haré, además, con efecto retroactivo… Hoy toca leer y requeteleer. Aprender y descubrir.

    Felicidades por tu blog.

    Un abrazo desde Girona

    Mario

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