Asociados (II): Dúos

enero 7, 2013

Si, son tiempos de crisis. He evitado usar la palabra en el blog y pasaré por encima de ella rápidamente, pero me sirve para explicar algo que viene sucediendo en el ecosistema de la música desde hace varios años. Ahora todo el mundo se fue al carajo, menos un montón de señores antipáticos y unos pocos a los que les perdonamos que les vaya bien (en España no hay de estos últimos, por más que su exito sea el resultado de un meritorio trabajo), pero los músicos llevan siglos encontrando fórmulas para seguir entreteniendo, sorprendiendo, divirtiéndose y experimentando aun si caen los famosos chuzos de punta… La música no se detiene, los músicos no se detienen, dando hoy una vuelta de tuerca más a la reducción de personal en el escenario, explorando el formato más reducido posible después del Yo, sumándose a la versión musical del llamado “Teatro de bolsillo”, callejeando, sobreviviendo en los más recónditos pasajes de cualquier ciudad del mundo, pasando en la mismo noche de las más glamurosas salas a los más lúgubres tugurios (cuando estos existían!).

Introducción por peteneras y ahora, al lío.

Repasando mentalmente mi archivo discográfico de Jazz, me vienen a la mente algunos trabajos a dúo, obviando a propósito y sin maldad a los vocalistas acompañados de un instrumento armónico. Discos como el de John Coltrane y Duke Ellington, o la pareja Kenny Barron – Stan Getz en el doble People Time, ambos formados por un pianista y un saxofonista, otros como el de Pat Metheny y  Charlie Haden, guitarra y contrabajo, o los del mismo Haden con el mítico pianista Hank Jones (Stel Away, delicioso por cierto, el reciente Come Sunday del 2012 está en mi lista de escuchas pendientes). Podríamos hacer una larga lista, seguro (ya me vienen a la mente otros que se van a quedar fuera, algunos realmente locos, vaya!).

Lo que no es tan común, desde luego, es que uno de los dos componentes del dúo sea un baterista. Recuerdo que Pat Metheny comenzaba una de las últimas giras del Pat Metheny group con una improvisación loca, mano a mano junto al batería Antonio Sanchez, el cual ocupaba una demarcación curiosa en el escenario, junto al guitarrista, en vez de la clásica situación en el fondo del escenario. Pat Metheny buscaba entonces y lo sigue haciendo aun hoy,  el contacto visual directo con el batería, y ubica a este entre él y el bajista, generando esa nueva situación que ha de tener una influencia en el resultado musical, y que a fin de cuentas es lo que se persigue. A eso vamos ahora, ya que esta fórmula se está poniendo de moda por lo que parece. Es un formato fresco que permite una comunicación más directa entre la percusión y la melodía, una corriente mas fluida de energía, más electrizante. El bajista que hacía de intermediario y de mediador es eliminado.

La primera experiencia discográfica que me llama la atención en este sentido es “Friendly Travelers”, de Wolfgang Musthspiel y Brian Blade, en el 2007. Las maquinitas de hacer loops anda por ahí, la influencia de la música electrónica, del hip hop es irremediable, la irrupción de la tecnología en los escenarios para suplir todo lo que se podía grabar en un estudio ha dado la vuelta y se ha convertido en un instrumento de estudio más.

Wolfgang Muthspiel & Brian Blade – Friendly Travelers

Hay un gran trabajo de composición en este disco, el señor Muthspiel es un tipo sesudo aun cuando los temas están firmados entre ambos, virtuoso, con un gusto a veces irregular pero un gran guitarrista en definitiva. Pero lo más interesante en este proyecto, a mi modo de ver, es la cantidad de ideas rítmicas, diálogos que el baterista establece con la guitarra, motivos locos producidos por esa mente diabólicamente juguetona, ese niño travieso con dos palitos y un montón de cosas a las que atizarle a gusto que es Brian Blade, un auténtico maestro de la música.

La verdad, en esto nunca podré ser objetivo ya que la batería siempre has ido mi instrumento favorito cuando hay un tipo con talento en las baquetas, de los que Brian Blade es sin duda uno de mis más admirados, el cual se despacha aquí a gusto para mi gozo. Dicho esto, el resultado es realmente coral, un “neck and neck” en toda regla, generando unos espacios (ese concepto espacial, dimensional de la música me encanta) poco habituales de encontrar en formatos más tradicionales, tríos, cuartetos, etc.. la mayoría!

El otro disco, obviamente, también es un dúo, aunque funcione realmente como un trío. Un disco más pausado en conceptos, pero tremendo cuando pensamos que eso que suena como un bajo y lo otro que suena como una guitarra, pues bien, los toca él. Qué si, que algún listillo pensará -bueno, pero si toca primero una cosa y luego otra… así cualquiera – y no, no, no! Toca todo a la vez, de hecho tanto este como el anterior son discos directos, de mirarse, dale al Rec., de un dos tres y vamos hasta el final, como siempre, de toda la vida, como cuando la tecnología no permitía que se hiciera de otra manera.

Not Getting Behind is the New Getting Ahead

Link spotify / Charlie Hunter -Scott amendola: Not getting behind is the new getting ahead

“Not getting behind is the new getting ahead” es el disco del bajistaguitarrista lotocotodojunto Charlie Hunter y el batería Scott Amendola, en 2012. No escucharéis esos diálogos inteligentes entre ambos instrumentos que se plantean en el disco anterior, la batería es más funcional, más en un estilo rhythm & blues… pero por contra, la propia limitación técnica que supone tener que tocar bajo y guitarra a la vez hace que lo que sucede por encima sea interesantísimo, ver como Hunter va haciendo evolucionar los temas, en los que hay algunas texturas y pasajes realmente hermosos. Su manera de tejer pacientemente ideas musicales a lo que sumamos el sonido de guitarra tremendo que tiene, hacen de este disco uno de los imprescindibles del 2012, en mi lista al menos.

Yo creo que merece la pena escucharlos como siempre hacen mis queridos lectores, con mucho cariño, con tiempo, de forma activa, abiertos a ser transformados cada día por lo poético que sucede alrededor… y cuando lo consigan, me explicarán cómo hacerlo.

Para terminar de argumentar que no son producto de la casualidad los discos que hoy comento, Brad Mehldau y Mark Guiliana llevan un par de años tocando a dúo, teclas y batería, así como el guitarrista Wayne krantz con el propio Guiliana, y otros proyectos que seguro van a ser editados en 2013. Espero seguir aquí para contárselo.

Y a vosotros, visitantes no casuales del blog, esos que no sois japoneses en busca de una portada para el iTunes, por ejemplo, habéis de saber que le estoy cogiendo el gusto a escuchar cosas del año, frescas de temporada, a estar al día y no andar arrebañando en el baúl de las viejas cosas de otras épocas, que no digo que no las siga escuchando pero la producción musical actual me parece fascinante. Se hace muchísima música y de una gran calidad. De todos los estilos y épocas posibles, de músicos formados en escuelas con una visión actual y autodidactas a su vez, relacionados con la música popular así como con la experimentación, la técnica y conocimiento de su instrumento, los músicos de jazz y de clásica empiezan a no sentirse unos frente a otros… el panorama es alentador, hay un gran presente y esperamos grandes cosas para el futuro.

Y como es tarde ya, siempre escribo de noche…

“La botella se acaba antes de la una; / A las dos se cierra el libro; / A las tres los amantes descansan apartados, / cumplidos el amor y su comercio”

Con estos versos de Philip Larkin se despide un servidor hasta la próxima entrega. Si os animáis, en comentarios podrías aportar algunos discos a dúo que os hayan gustado, fomentando el feedback, que es muy triste pensar que las estadísticas del blog reflejan solo a los susodichos japoneses en busca de portadas!

Bye!

Tin hat trio – Helium

septiembre 9, 2010

Sigo escuchando música, sigo por ahí. Ahora aquí, de vuelta en el blog. Errático en la manera de acercarme a la música, desordenado, con tendencia al tedio, en una búsqueda enferma y constante… adicto al random del spotify. Y en esta huida constante haca ninguna parte ya hace unas semanas se me presentaba algún tema de este disco (y es que el random-radio del spotify no lo es tanto, para qué engañarse), al que empecé por prestarle un poco de atención. A los días sonó otro tema que por fin terminó en alguno de mis muchos playlist (nunca suficientes) en los que ordeno la música, y ya por último comencé a escuchar el disco entero. Y es en este punto donde trato de unir ese mundo abstracto de sonidos y sensaciones en el que vivo con algunas palabras para satisfacer esa necesidad tan humana que es la de comunicarse. Vamos allá!

Al igual que el disco de Tim Posgate posteado hace ya algún un tiempo en esta página, aunque en cuanto a entradas en el blog sea una de las últimas, es un disco difícil de catalogar. Tal vez por eso me ha atrapado. Por el descaro, por la crudeza del sonido, de una naturalidad refrescante, al igual que la originaldad de la instrumentación.

La amplitud de referencias musicales reinterpretadas sin ningún tipo de titubeo ni rubor por los componentes de este singular trío, la versatilidad y contundencia del lenguaje musical, donde se mezclan el blues, la música “clásica” contemporánea, el lenguaje cinematográfico, jazz, algunos piensan también en “tango“, según he leído por ahí (más pensando en el sonido del violín que en la música, aunque no dudo de que pasen por Argentina en algún momento) y un largo etc. de influencias que no podría enumerar ahora.

Si que existe una referencia que me resulta imprescindible nombrar y es fundamental para entender muchas de las cosas que están sucediendo en el que es para mi el más interesante panorama avant-garde actual. Podríamos decir que el espíritu de Tom Waits, su sonido o estética, está siendo un gran nexo, un lugar común para muchos proyectos actuales de muy diversa índole, ofreciendo una dirección a veces, otras un punto de partida.

No me cabe duda que mi amigo Asier Suberbiola y Aupa Quartet, formación en la que toca junto a otros buenos amigos del aquí escribiente y que recomiendo ver en directo fervientemente, encontrarán buena inspiración en este album. Al menos mi deseo es que lo disfruten como cualquier otro viajero de la red que pare por aquí.

Hoy no me enrollo más. Ya sé que no doy mucha información sobre este audaz trío, pero me sirve para anunciar el fin de una ausencia durante la cual este servidor se mudó de valle. Buscadme por Navarra, acaso por Gipuzkoa me encontraréis a veces, y si consigo unir algunas palabras más también por este blog me asomaré de vez en cuando.

Salud!

link: Tin Hat Trio – Helium

Me encandila cuando en un disco se escucha el traqueteo de las llaves de los vientos, de los saxos sobre todo, tan ruidosas ellas. Me emociona encontrarme por sorpresa, casi atropelladamente con algo que me hace frenar en seco, derrapar y girar con cara de “que coño está pasando aquí”, como me ha ocurrido con este disco. ¿Por qué nadie me había hablado de esto!? “¿Y quién lo iba a hacer?” – me pregunto – y no hallo respuesta.

De Frank Zappa a Tom Waits, de AM 4 a Bill Frisell, de Uri Caine a Carla Bley, de Ry Cooder a John Zorn, de Kurt Weill a Django Bates… esos momentos que recuerdan un tanto a Morphine pero pasado de vueltas. Un viaje musical que va de la vanguardia al folk, del kiosko de la plaza el domingo por la mañana en la hora del vermut a un tugurio nocturno de Chicago y de “L’Scala di Milano” a un afterhours holandés de jazz supercool, incluso desde Nueva Orleans hasta el Canadá, esa tierra en la que, por cierto, uno no sabría bien que beber, porque el sirope de arce no es una opción (lo tenía que decir en algún momento, y ya está, me he quedado bien a gusto). Así que cocinando bien al dente todos estos ingredientes (es un decir, ya que seguro que podrían ser otros similares, muchos son los nombres), y digo bien al dente, podríamos obtener algo que se pareciera a “In the future of your dream”. Me estoy dejando ir plácida, despreocupadamente, emocionado por el colocón musical.

Me flipo con la mezcla de música en papel dando marco a la improvisación, como capas superpuestas. Con la mezcla constante de voces, vientos y una guitarra que se diluye a veces, que salta sobre todo lo demás otras, que coquetea traviesa con todos los elementos que se suceden, aparece y calla, según, abriendo espacios a la creación de diferentes climas dentro de un mismo track. La ausencia de percusión se utiliza casi como un arreglo, como algo que produce inquietud, para crear más contraste aún entre las diferentes partes, y sorprender cuando entra en plan pop en el tema Don’t ask me.

Me encanta la sensación -humana por otra parte- de ser el pregonero de tamaño descubrimiento, de anunciar que Tim Posgate ya está aquí (ya estaba, claro, pues este disco sin ir más lejos tiene ahora 6 años) como si nadie lo conociera, deseando que cualquiera me contradiga y me discuta, que venga a visitar al viejo barba-cana para decirle que anda despistado, y así charlar un rato sobre música, en mi caso, deleitarme escuchando hablar sobre ella y como no, sobre el bueno de Tim. De esta manera, arrojar luz sobre quién es este personaje  y de como ha llegado a este nivel de chaladura genial que a su vez me trae loco.

Así que advirtiendo que me he vuelto a salir una vez mas del sendero para adentrarme en el bosque, dejar el camino para descubrir aquel claro al que no hay senda conocida que nos pueda llevar, dejo en manos de cada cual y de su espíritu aventurero el atreverse con esta maravilla de música, fresca, divertida (como decía la canción de Habana Abierta, “la vida es una broma… muy seria”), tragicómica como me gusta, muy intensa.

Servidor se despide hasta la próxima entrega, dejando como no, el recurrido y posiblemente útil link a spotify: Tim Posgate – In The Future Of Your Dream (The Words Of Peter McPhee)

Bye!

bill frisell - buster keaton

bill frisell - buster keaton

Me había propuesto ir alternando las entradas de discos novedosos para mi, con viejas glorias de mi discoteca particular… pero he de sucumbir ante las pruebas, esas que me delatan como nostálgico en estos últimos tiempos. Ya cambiará la suerte, pues hasta ahora siempre ha terminado haciéndolo, en ese movimiento pendular que siempre traté de frenar buscando el centro como mi admirado Franco Battiato. Cambiará, no sé si ocurrirá mañana, pero…

… se lo debía a Bill Frisell, pues siempre estuvo ahí, abriendo caminos, pilotando con su humor particular, con su enorme sonido. Siempre estuvo explorando conceptos musicales sin dejar de generar belleza (excepto cuando se junta con John Zorn, dudo que a veces quieran producir algo bello), crear situaciones a base de silencios y contrastar la paz con el caos. Sus acordes imposibles, tanto como sus ligados, con su “menos es más” llevado al extremo y su pedal de volumen, siempre fueron un rompecabezas sin resolver, y cuando parece que lo pillo gira en otra dirección, sorprendiéndome. Su voz con la guitarra, inconfundible.

En el caso que nos ocupa, casi se dibujan las escenas con solo escuchar la música, pero si has visto las películas de Buster Keaton… ¡claro, ya lo tienes! Yo hice una colección de vídeos de las de entrega semanal en tu kiosko de muchos de sus films. A lo largo de mi vida lo he intentado alguna que otra vez, lo de hacer una colección, con bastante poca continuidad por cierto, pero con la de Buster Keaton aguanté casi hasta el final. En VHS, imagínense! Hoy, en la era de la tecnología aun he tenido problemas para intentar cuadrar la música de Frisell con las escenas de las películas (ahora ya en formato digital), con esa cara de tonto que se te queda, intuyendo que en otro momento o alguien más inspirado lograría cuadrarlas “al toque”. Reconozco que fui impulsado por los discos de Bill Frisell, encontrados casualmente en una de las tiendas que frecuentaba entonces, a investigar en la filmografía de este genial actor tragicómico y acróbata. Lo que si recordaba que mi padre le solía llamar “Pamplinas”,  y también algún que otro momento televisivo, algún flash en la carátula de algún programa sobre cine, pero poco más sabía yo hasta entonces de Buster Keaton.

El caso es que la música original de las cintas de Keaton, un señor tocando un piano por lo general, me fascinó en su momento. Ingeniosa, inspirada, matizando las escenas más que los gags, hermosa. La revisión que hace Frisell en verdad se aguanta por si sola como una obra musical independiente al film, interesante… pero sobre las imágenes se termina de completar, se cierra el círculo. De justicia es reconocer  que yo lo he hecho hace bien poco, superponer música e imágen, a pesar de haber escuchado muchas veces los discos, y tan contento que estaba. Que me aspen si el trío formado por Bill Frisell a la guitarra, Kermit Driscoll al bajo (un auténtico mago de las notas graves con aspecto de leñador entrañable) y Joey Baron (uno de mis baterías fetiche, muy original, con un groove del carajo y un caminar peculiar) no tiene una química como pocas veces se ha dado. Química necesaria para transitar esos lugares tan abstractos y complejos saliendo bien parados de todos los lances.

Añadir que el otro disco está inspirado en las imágenes de otra gran película de Buster Keaton, “Go west”. Así que tanto si escuchan la música como si se animan a ver las pelis, cualquiera que sea la modiladad que elijan, yo me sentiré un poco feliz desde el silencio de mi guarida, la cual ya estoy acomodando para el recién entrado otoño, o tal vez para cuando esta nostalgia pegajosa y “blues” se me despegue.

Link a Spotify: Bill Frisell – Music For The Films Of Buster Keaton: The High Sign/One Week

Así que saludando a Martí Duch de montaña a montaña, desde la mía voy a otear el horizonte en busca de alguna señal del productor del disco, “Lee Townsend”, a ver que averiguo de él. Ya os contaré.

Laister arte! (hasta pronto!)

conference birdsHay momentos en los que uno se propone una acción y se lanza decidido a llevarla a cabo, y bueno… a veces está bien darse cuenta de que es lo que se hace, aceptar que el tiempo tiene sus normas. A mi me acaba de pasar. Me he dicho, tengo que escribir dos post seguidos pues llevo mucho tiempo sin actualizar el blog, pasando por alto que si no la había hecho era por algún motivo, teniendo que asumir que se me negaban las palabras asumiendo la momentánea incapacidad para desatorar el canal. Y por ello no ha de ser raro que teniendo esta carátula en borrador desde hace más de un mes, no hubiera conseguido más que un par de líneas escritas, también hace un mes. Las mismas que acabo de borrar y sobre las que estoy escribiendo ahora mismo. Y las he eliminado porque, mas allá de ser algo de lo que yo pudiera sentirme responsable, parecía una de esas reseñas en Amazon, de la discográfica, o en las revistas especializadas para anunciar un disco o vender un crecepelo, con adjetivos manidos, sin pasión… Entonces me he dicho, si realmente me gusta este disco se merece algo mejor. Al menos ser sincero. Así que si me fallan las palabras y hasta nueva orden, simplemente lo colgaré a modo de declaración de intenciones.

Si diré que es una puerta interesante hacia un tipo de música, el free jazz (también conocido como New thing), en la que cada uno se sumerge a pulmón y llega hasta donde llega. Puede resultar molesta y ruidosa, y es que también está pensada para ser molesta y ruidosa, a veces… aunque no es solo eso, claro. Es pues una música que tiene su razón de ser en los años 60 y que poco tiene que ver con lo que ahora se vive en occidente, pues los valores y los motivos sociales que generaron este movimiento musical han desaparecido por el camino, así que quedará relegada a escucharse en esos momentos que escasean cada vez más en nuestro tiempo, este tiempo de impulsos rápidos e instantáneas satisfacciones, y de satisfacción rápida muy poco se va a encontrar aquí. Requiere de una actitud si cabe más abierta, para que el filtro emocional no se cierre rápidamente, y así poder disfrutar de las nuevas emociones que se plantean, pues es su vocación y esencia mover almas y sacudir espíritus, y también la búsqueda de la libertad creativa y en mi opinión la de crear arte, y ambos objetivos están cumplidos en este disco. Así que si alguien (atrevido) se va a animar con él, pues ahí, mas abajo,  le dejo el link al spotify. Y no olvide ponerse el bañador y tomar aire antes. También advertir que algunas melodías aparentemente complejas tienen algo de pegadizo, y una vez se te pega una melodía de este tipo, no hay vuelta atrás. Yo por mi parte, no puedo sino reconocer el freak que llevo dentro.

Creo que, como en el poema de Benedetti;

“…antes de regresar
a mis lobregos cuarteles de invierno

con los ojos bien secos
por si acaso

miro como te vas adentrando en la niebla
y empiezo a recordarte.
*

*Mario Benedetti (vaya, se me ha colado aquí, de repente).

Así me despido, pues!

Dave Holland – Conference of the Birds

Trago recomendado: un preparado de absenta, con el terroncito de azúcar y el agua fresquita.