enlace a Grooveshark: You never know – Peter Erskine

Para los que vivimos los 80 o emergimos musicalmente de ellos, fue complicado encontrar alternativas que encajasen con una sensibilidad más personal, si se quiere diferente de un sentir generacional o popular, populista diría yo. Era aquel un momento musical en que el rock y todas sus variantes junto con el punk arrasaban en todos los pueblos y capitales, y formar parte de una tendencia era casi imprescindible para lograr cierta integración social (rockabillys, moods, heavys, rastas… lo que quisieras). Las modas eran más definidas y fuertes si cabe que hoy, y tenían un componente muy importante de conciencia de clase.

En ese contexto tan agitado y belicoso, el sello discográfico ECM se convirtió para algunos en salvavidas estético, oasis para el oído y brújula que colocaba al norte de Europa en un lugar importante de una nueva corriente, dentro y fuera del jazz. De la mano de Manfred Eicher, fundador, ideólogo y productor de la mayoría de los discos, el sello se dedicó desde 1969 a grabar a artistas que por no ser su propuesta convencional, etiquetable o fácilmente explicable para un sello mas claramente englobado en un género, no encontraban su lugar en ninguna otra discográfica. De ahí que artistas de la talla de Pat Metheny, Keith Jarret, The Art Ensamble of Chicago y muchos otros, que desde dentro del jazz apuntaban a músicas más abiertas y que no tenían el swing en su raíz, terminaran por cruzar el Atlántico y recalaran en Munich para grabar sus discos, donde ECM tiene su cuartel general.

Un buen ejemplo del sonido ECM, es este You never know, firmado por el batería Peter Erskine (aún hoy uno de los baterías en activo más respetados), al que acompañan el bajista Palle Danielsson y el pianista John Taylor, tres de los artistas más importantes y proliferos del sello. No es new age, no es jazz, no es pop… creo que la mejor definición es que es puramente música.

El disco se abre con New old age, una joya de tema, en el que el piano juega con un motivo rítmicamente reiterativo para crear una atmósfera de aire impresionista, en verdad delicada y de gran belleza, donde el contrabajo y la batería han de desarrollar nuevas formas de acompañar para no romper el clima. No es esta la única joya del disco, que pasa por diversas fases musicales, acercándose más al jazz por momentos y alejándose en otros, habitando en un lugar propio y donde se habla con una voz muy particular.

Volveré a hablar sobre ECM, pues no me cabe aquí y ahora todo lo que este pequeño e independiente sello a conseguido, navegando en un terreno casi abandonado, sin singles en cuarenta principales, con una música a veces experimental, otras tremendamente hermosa, dando cabida también a aquella música “clásica” que nadie quería grabar, extendiendo su influencia a Sudamérica y a Norteamérica gracias a dos sub-sellos (Carmo y Watt respectivamente), donde un buen número de artistas tuvieron la posibilidad de realizar trabajos con cierta continuidad, y de crear música que no hubiera podido materializarse de otra manera, quizás.

Solo me queda estar agradecido, porque me ha dado mucho, y me consta que no soy el único. No seremos mayoría, pero no estamos solos.

Trago recomendado: una buena taza de café italiano, mañanero!

Omar Sosa – Mulatos

junio 21, 2008

Link a spotify: Omar Sosa – Mulatos

Pianista y compositor, Omar Sosa viene a devolvernos lo que siempre nos perteneció, tradición y contemporaneidad, la posibilidad de ser un hombre de su tiempo sin perder contacto con las raíces. Algo que me parece extraordinariamente sano en los días que corren,y en lo que no profundizaré por el momento para no alejarme más, si cabe, del tema que me ocupa.

Ternura, el número* con que se abre este Mulatos, arranca con tres notas a modo de llamada y una escala de piano que apunta hacia arriba para despistar. Lo que lleva todo el veneno y sabrosura es ese contrabajo que arranca inmediatamente después con un glisando, y nos sumerge en el espíritu del tema. ¡Cuánta madera que se oye!

Pero entre melodías, solos y pasajes musicales, muy a lo cubano y al igual que el contrabajo, evocando a Israel López Cachao y a sonidos de otro tiempo (no en vano aparece en este tema el clarinete de esa bestia de la música cubana que es Paquito D’Rivera), un coro lejano entra y sale repitiendo la frase: Oye negra!” Y este “oye negra” se me enredó en el subconsciente, de manera que me encuentro a menudo tarareándolo mentalmente, envuelto en una atmósfera hipnótica que trato de recordar más claramente.

Porque vuelvo a este tema una y otra vez, y ya se ha convertido en parte de la banda sonora de mi vida, estoy aquí escribiendo sobre este disco y no sobre su último trabajo “Afreecanos”.

Y es que en la música de Omar Sosa conviven y dialogan de manera armoniosa sonidos e instrumentos de la vieja Europa, Nueva York, Los Ángeles, África y Asia, sin faltar ese elemento electrónico, que aunque sutil, le da una capa de actualidad sin quitarle un ápice de naturalidad. Esto puede parecer difícil de conjugar, pero el resultado es ciertamente asombroso. Esta música parece destinada a perdurar, pero esto sólo el tiempo lo dirá.

Todo se guisa en desde Barcelona, pero el horno es de esa Cuba que no parece tener fin a la hora de aportar música y músicos. ¡Cuánto les debemos a los cubanos por mantener esa llama viva que de otra manera, algunos no hubiésemos podido ni intuir desde el viejo continente, y que es, más que música, una manera de sentir! No me cabe duda de ello. Yo por mi parte, en deuda me siento.

Bye!

PD: gracias a Alex viejo pintor Martínez, por ayudarme en los comienzos de este blog. No prometo no necesitar más de tu ayuda, bro!

*Para los aficionados a la palabra:

DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA – Vigésima segunda edición – Número;m. Cada una de las partes, actos o ejercicios del programa de un espectáculo u otra función destinada al público.” En este caso, de un disco.

El título no podía haber sido más acertado. Un hombre, su guitarra y la noche. Un buen disco se puede escuchar a cualquier hora, pero tal vez si que haya música más apropiada para unos momentos. Para esta en concreto, se precisa de cierta predisposición emocional así como de la suerte de disponer del tiempo necesaro para poder pararse un rato y no hacer otra cosa mientras dura la audición, de manera que si yo tuviera que elegir o recomendar un momento para disfrutar de “One quiet night”ese sería cuando el sol se hubiera escondido, ya de madrugada, aprovechando la quietud de la noche. Música para escuchar en soledad, en esa soledad aceptada que sabe a cigarro y cosas antiguas, cosas como escribir a golpe de pluma y tintero, fumar en pipa o cerrar el ultimo bar abierto de un pequeño pueblo costero un lunes cualquiera. Una invitación a la introspección dejándose mecer con los vaivenes de la guitarra de este genial músico, sin duda uno de los más talentosos de nuestro tiempo.

Así pues, podría decirse que una virtud de escuchar un disco así es la desaceleración a la que obliga si se quiere disfrutar plenamente, alejándonos del ajetreo del día a día, del trayecto al trabajo, de las reuniones, de la frenética actividad social y tantas cosas que muchas veces nos llevan a saltar de un día a otro sin pausa y sin tiempo para escuchar desde el silencio, el cual es el lienzo sobre el que un músico trabaja. La tranquilidad con la que Metheny va construyendo los temas, enlazando los acordes y las melodías, sin prisa, con esa sorprendente habilidad para jugar adelante y atrás con el tempo de cada nota como pocos pueden presumir de haber logrado, tal vez a la altura del mismo Miles Davis en este aspecto, contando cada historia con la parsimonia del que no tiene prisa por terminar ni ha de gritar para que se le escuche, nos invita a un lugar donde ni las normas radiofónicas ni las modas existen, sino el placer de la música por la música.

De los 12 cortes que contiene el disco, nueve son de cosecha propia, todos ellos de aire claramente paisajístico y reflexivo, estilo que el guitarrista ya había experimentado en bandas sonoras como “A map of the world” usando una guitarra con cuerdas de naylon. De esas nueve, solamente “Last train home”, tema que cierra el disco, no está compuesta expresamente para la grabación, habiendo aparecido originalmente en el álbum “Still Life (Talking)” de 1987. Dentro de este marco íntimo, Pat Metheny se regala incluir tres composiciones de su imaginario musical, resultando sorprendente el hecho de que cada una de ellas llega al disco de épocas y contextos artísticos bien distintos, hablándonos a través de las mismas de sus eclécticas influencias musicales. La que menos podría llegar a sorprendernos de las tres es la delicada revisión que hace del tema “My song” de Keith Jarrett, cuyo disco de mismo título (1978) es, por cierto, una referencia obligada del sello alemán ECM, ciertamente recomendable, en la cual el mismo Metheny editó algunos de sus primeros álbumes. Ferry ‘cross The Mersey 1965-, de Gerry & the Pacemakers (los cuales acuñan en su haber la versión de “You’ll never walk alone” que inspiró el conocido himno que comparten las hinchadas del Liverpool FC y del Celtic FC de Glaswow, original de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II para el musical de Brodway “Carousel”) se aleja sorprendentemente de la atmósfera jovial de pop inglés de la original, consiguiendo integrarla magistralmente dentro del espíritu reflexivo del disco. Por último, Don’t know why, de Jesse Harris & The Ferdinandos, más conocida por ser single del “Come away with me” de Norah Jones y por la que el compositor ganó un Grammy en 2003, en la categoría “canción del año” completaría el tracklist del disco.

Una curiosidad; Metheny usa una guitarra acústica barítono construida por la luthier canadiense Linda Manzer y cuyo sonido, más grave que el de una guitarra normal, es determinante para dar cierta profundidad a las interpretaciones de este disco, proporcionándole un barniz particular.

Bueno, hasta aquí esta primera entrega. Que este pequeño homenaje a Pat Metheny sirva como presentación de este recién estrenado blog. ¿Ya puedo decir que soy un blogger?

¡Gracias por haber leído hasta aquí!

Hasta ahora!!

enlace a spotify: One quiet night

Tracklist

1. One Quiet Night
2. Song For The Boys
3. Don’t Know Why
4. Another Chance
5. And Time Goes On
6. My Song
7. Peace Memory
8. Ferry Cross The Mersey
9. Over On 4th Street
10. I Will Find The Way
11. North To South, East To West
12. Last Train Home

Trago recomendado: nada demasiado fuerte. Una copa de buen vino noble, tinto, un crianza suavecito, bien equilibrado, por ejemplo.