Mi constancia no se puede constatar facilmente, aunque creo que en este caso podré excusarme haciendo alguna cabriola, eso si, un tanto aparatosa. Sigo trabajando en la serie “Asociados” iniciada en el post anterior que pronto dará como fruto un par de nuevas entradas con las que voy a celebrar las 20.000 visitas al blog (¿Son muchas o pocas? ¡No lo sé! ¡Pero las voy a celebrar!).

Si bien es cierto que este disco viene aparentemente solo, se podría decir que está directamente relacionado (he aquí la cabriola) con el disco de Kim Kashkashian y Robert Levin, “Asturiana”, comentado en esta página un poco más abajo. El concepto y la formación son prácticamente idénticas. Cambian los intérpretes y autores, y por ende las composiciones mientras que la instrumentación y la idea de elegir temas originariamente para piano y voz, canciones en definitiva, y sustituir en ellas la voz por la viola se mantiene tal cual. Entonces los protagonistas eran seis compositores, la mitad argentinos y la otra mitad españoles. En este caso los protagonistas son Robert Schumann y los poetas Heinrich Heine y Joseph von Eichendorff, a cuyos textos puso música el compositor alemán dándolos forma de lieder (canción). El título del disco, Lieder ohne worte, hace referencia a la ausencia de la voz humana en esta singular versión, pues la traducción literal (obtenida en la wikipedia y contrastada después en el traductor de google, son los tiempos que son…) vendría a ser “canciones sin palabras”. Adoro la música de cámara, me encanta el pequeño formato. Uno se mira el ombligo, dos dialogan, tres forman una jaula de grillos, cuatro… no tiene por que ser así, pero me divierte la idea.

El primer grupo de canciones, Diecherleibe op. 48 (Los amores de un poeta), consta de dieciseis piezas sobre poemas de H. Heine y el segundo, Liederkreis op. 39 son doce textos del poeta Joseph von Eichendorff. En ambos casos las temáticas de la muerte y el amor (el mal de amores, se entiende) son recurrentes, al más puro estilo del romanticismo. Lágrimas, flores, corazones, angustias y penas, siniestros bosques de árboles sin hojas, traiciones…

Al ser temas tan breves, en cuanto uno se despista un momento se le han pasado cuatro o diez canciones sin darse cuenta, así que como siempre, la recomendación es disfrutar despacio, buscando el momento apropiado para dedicar, tanto a uno mismo como a la música, un tiempo de calidad en el que no haya interferencias para que el viaje resulte más estimulante y el masaje sensitivo más intenso.

Os dejo un par de textos y su traducción, el primero de cada grupo de canciones y links por si tenéis la curiosidad de leer más en algún momento. Con mis mejores deseos…

“Los amores de un poeta” (diecherliebe) de Robert Schumann

1. Im wunderschönen Monat Mai (Heinrich Heine)

Im wunderschönen Monat Mai,
Als alle Knospen sprangen,
Da ist in meinem Herzen
Die Liebe aufgegangen.

Im wunderschönen Monat Mai,
Als alle Vögel sangen,
Da hab’ ich ihr gestanden
Mein Sehnen und Verlangen.

1. En el maravilloso mes de mayo

En el maravilloso mes de mayo,
cuando todos los capullos se abrían,
fue entonces cuando en mi corazón
nació el amor.

En el maravilloso mes de mayo,
cuando todas las aves cantaban,
yo le confesé a ella
mis anhelos y deseos.

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“Ciclo de canciones” (liederkreis) de Robert Schumann

In der Fremde (Joseph von Eichendorff)

Aus der Heimat hinter den Blitzen rot
Da kommen die Wolken her.
Aber Vater und Mutter sind lange tot,
Es kennt mich dort keiner mehr.

Wie bald, ach wie bald kommt die stille Zeit,
Da ruhe ich auch, (x2)
Und über mir rauscht
Die schöne Waldeinsamkeit, (x2)
Und keiner kennt mich mehr hier. (x2)

Lejos de casa

Desde mi tierra, tras los resplandores rojizos,
vienen acercándose las nubes.
Pero padre y madre llevan ya tiempo muertos,
y nadie más allí me conoce.

Qué pronto, pero qué pronto llegará el día callado
en que también yo descanse, (x2)
y sobre mí se oiga el rumor
de la hermosa soledad del bosque, (x2)
y nadie más aquí me conozca. (x2)

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Links: aquí los poemas de H. Heine: Dicheterliebe

aquí los de Joseph von Eichendorff: Liederkreis

y aquí el disco en spotify: Robert Schumann – Schumann: Lieder ohne Worte

Salud y hasta la próxima entrega.

Carrie Rodriguez – Love and Circumstance

Uno de los conceptos curiosos en nuestro tiempo es el de la “canción de autor“, ser cantautor a toda costa y hasta las últimas consecuencias. Está bien, analicemos el hecho.

Parece que cuando un Músico canta las canciones de otro como es el caso del disco que me ocupa hoy es considerado un hecho poco meritorio per sé, o por el contrario se le otorga gratuitamente un valor añadido cuando el autor viene a desgañitarse y a arañar las cuerdas de una guitarra o aporreando malamente un piano, sin que importe como salen a escena sus retoños. Parece permitirse todo cuando uno interpreta sus propias composiciones y esto no debiera ser así. ¿No se preocupan ya los padres de que sus hijos salgan al mundo bien parecidos, bien arreglados y vestidos? Cuando todo se hace bien no tengo ningún argumento en contra de quien compone y escribe los temas que defenderá después en disco o en directo. Rompo una lanza en favor de los intérpretes, a veces injustamente considerados en el mundo de la música, otras desde luego que no.

Todo esto lo he resuelto ya en mi cabeza. Me importa el resultado musical en un porcentaje muy elevado, pongamos un 92% dejando para el resto cosas como imagen, tendencia, autoría, cantautoría o quién sabe qué malas pasadas me hará el subconsciente (¿qué coño es el cine de autor, por cierto?). No veo que una canción esté huérfana por no ser el padre o la madre quienes la interpreten, incluso que nada ocurra porque no se le conozca padre o madre, como tantos anónimos geniales de siglos pasados. Nos cargaríamos el 80% del folclore de un plumazo, el 80 % del jazz, ¿dónde quedarían la mayoría de los boleros, muchos de los cuales tienen por autor a un escritor o poeta y a un areglista-músico? Además, luego los interpreta una gran orquesta con la voz de un intérprete (especialista en comunicar con la voz y su actitud en el escenario) a la cabeza.

¿Pondríamos My Way en el cajón de los bastardos? ¿Conllevaría ello algún demérito para la canción o para el intérprete, me pregunto? ¿Se habría convertido en un éxito mundial si en vez de Frank Sinatra la habría cantado su autor? Difícilmente podría haberse dado el caso porque se pueden contabilizar hasta cuatro padres, algunos de ellos no sé si llegan a ser coetáneos.

Lo que importa es el resultado y siempre, siempre, prefiero que me canten un tema bien a que me lo barrunte su papa o su mama.

Carrie Rodríguez es una violinista excelente, pero diría yo que como cantante no le falta nada, es más, su gusto es exquisito, la facilidad con la que expresa emociones con su voz pasmosa. Los compositores son de la talla de Ry Cooder o Richard Thopson, por ejemplo. Habrá que ver si en el futuro se anima a cantar algunos de sus temas si es que le surge la necesidad de componer, tal vez ya lo haya hecho anteriormente, lo desconozco. Si yo fuera un compositor y ella cantara una canción mía sería algo estupendo.

Se puede disfrutar de la guitarra de Bill Frisell en tres de los tracks, pero a destacar el tema que hacen a dúo, I’m So Lonesome I Could Cry, en el que guitarrista toca por tres, algo increible, pedal arriba, bajo y todo lo del medio que a veces es la armonía y otras un solo, mientras ambos juguetean con el tiempo arriba y abajo. Hermoso de veras.

Los arreglos, la producción (a cargo del mítico Lee Townsend), el sonido, la interpretación de todo… delicioso, de elaborada simpleza con un destacado gusto por la naturalidad, ya que se escucha todo de los dedos, de la madera, de los parches… las respiraciones en todos los instrumentos, por supuesto La voz.

En definitiva, si aún no te has atrevido con el Country este puede ser tu disco. Quiero dedicar este post a mi amigo y músico David Moya (otra cosa no, pero song-writers en mi vida hay un porrón), pues parte de lo contado anteriormente surge de una conversación entre ambos. Espero que no me fusilen por ello, pero puede ser realmente polémico, si no tiempo al tiempo… ¡Ya os contaré!

La recomendación etílica va a ser tomar un buen Patxarán ya que hoy es San Fermín. Salud!

Creditos del disco:
• Carrie Rodriguez – vocals, tenor guitar, electric mandolin, strings and fiddle
• Hans Holzen – electric and acoustic guitars & mandolin
• Kyle Kegerreis – acoustic and electric bass
• Eric Platz – drums & percussion

With special guests: Buddy Miller, Aoife O’Donovan, Greg Leisz, Bill Frisell and Doug Wamble

Produced by Lee Townsend
Label: Night Street Opus

hartman

Revelador. Eso fue para mi descubrir a este cantante, revelador. Existe un antes y un después de escuchar a Johnny Hartman, y un montón de preguntas sin respuesta que surgieron al momento. Un ejemplo, una pregunta que no alcanzo a responderme es por qué apodarían a Frank Sinatra “La voz”, cuando no camina ni de cerca con el “swing” y el arte del otro, por no hablar de la cualidad vocal. Si no hubiera oído cantar a Johnny, ay…!  Cuan feliz se es habitando en la ignorancia, sin hacerse preguntas que el mundo ya respondió por uno mismo. Ahora solo me queda el alivio de ponerme sus discos y dejar que esa voz acaricie y estimule mis oidos.

Diría que lo mismo me pasó cuando hace aproximadamente un año, el Sr. Navascues me hizo escuchar al tenor lírico italiano Beniamino Gigli en su casa, y desde aquí le agradezco que me ayudara a reforzar lo que un tiempo antes entendí al  descubrir “I just dropped by to say hello” y otros discos de Johnny Hartman. A ninguno de estos dos cantantes, cada cual en su género, se les puede pillar un deje técnico a la hora de interpretar, apenas un tic. Nunca les escuchas pensar en colocar la voz, en voy a hacer… simplemente te lo cantan, y ahí te quedas con eso. No importa si algo es difícil o sencillo, tan solo sale de su voz eso que podríamos llamar Música (con mayúscula). Todo surge con absoluta naturalidad. Son auténticos cantantes. Es probable que haya más, pero para mi son estos dos en concreto los que me rompieron el coco. Su estilo es la ausencia de estilo, la total sencillez con la que solo unos pocos genios en la historia de la música pueden decir todo con menos. A esto añádanle que ambos tenía una voz tremendamente bella, y el don del matiz, de los colores (y quizás más en esto último el napolitano).

Ahora, si traigo a mi memoria la voz de uno de estos dos, la mayoría de los cantantes me resultan exagerados, histriónicos, histéricos, mientras que cada gorgorito, cada vibrato, me resulta innecesario, artificioso y francamente molesto. Normalmente no escucho a ninguno de estos atorrantes más que en algún bar, desayunando o comiendo mientras una tele sintoniza “40 latinos” por ejemplo. Nunca cuando estoy en mi casa, y por esto siempre suelo andar con unas ganas locas de llegar a mi coche o a mi pequeño estudio, de limpiar mis orejas con un baño de buen jazz, y que me pellizquen, pero también de saber que Johnny Hartman está ahí, que aunque no se le puede ir a ver a un concierto, su voz está ahí, que no fue un sueño. Y volver a tener certeza de que alguien alguna vez cantó así de bonito, así de íntimo, de que alguien alguna vez cantó. Esto me hace sentir bien por un rato. Mientras lo escucho pienso que el loco no soy yo, me acuerdo de Groucho Marx y también me quiero bajar del mundo en la próxima parada. Pero eso si, con un disco de Johnny Hartman.

Así que como en Matrix (“Si tomas la pastilla azul la historia termina. Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creer. Si tomas la pastilla roja estarás en el País de las Maravillas y te enseñaré cómo de profunda es la madriguera del conejo”) Mr. Hartman es un poco mi pastilla roja.  Si ahora eres feliz, estás bien como estás y no te duele ni un poquito el alma, quizás mejor no escuches este disco.

Link a Spotify: Johnny Hartman – I Just Dropped by to Say Hello

Trago recomendado: un buen Whisky añejo, 12 años, tal vez un poco ahumado.

PD: a Kepa Junkera si le llegara; la grabación de todos los discos que hizo Johnny Hartman, se hubieran podido pagar con la mitad de la subvención que has recibido, a saber, 702.000 €. Para hacer música solo hay que tener el talento. A ver cuanta música eres capaz de comprar con ese o cualquier dinero. No hay mercados donde se compran dones, tonto. Yo solo estoy loco.

Y no de Johnny Hartman solo, sino todos los que hasta ahora he reseñado en este blog, que obviamente pienso son grandísimos discos, se han grabado con menos dinero en suma. ¡A que me bajo!