no escape

Tenía que llegar un día el Blues a mi blog.

Nadie me avisó que el “blues de Chicago”, o el “Menphis blues”, el del “Delta” que engendró el blues de “Detroit” y todas las denominaciones de origen de este estilo de música habían ido diluyéndose en otra forma de blues más abstracta y genérica. Quizás me equivoque, y si es así, que alguien me ilumine al respecto. Me apasiona la historia y las historias sobre la Música, su origen, las andanzas de los músicos, sus aventuras y desventuras, evoluciones artísticas y desastres varios. La verdad, los acontecimientos y sus consecuencias suelen darse de una manera sorprendente y lógica a la vez, eso si, con una lógica de músico, y que me perdonen pero no es esta una manera de ordenar las ideas cualquiera, si no que mas bien se las trae. En cualquier caso, un tipo de lógica.

Por ejemplo, hablemos de George Benson y lo que le pasaba por la cabeza en el momento que decide hacer un videoclip con patines, vestido de blanco, adelantándose a los anuncios de dentífricos (todo un visionario) cantando aquel fiestero disco-party “Give me the night”, cuando ya hacía algunos años había aportado cosas importantes a la guitarra de jazz y no solo eso, sino que era ya una referencia para muchos músicos. Muchos no se acordarán, pero aquellos que tengan una edad pueden llevarse una sorpresa. Desde luego que ha grabado muchas cosas, pero vale, digamos que su carrera discográfica es irregular, y no cubre, sin lugar a dudas, las expectativas que sobre él pusimos algunos. Los más desinformados, como yo, habiendo escuchado algún trabajo interesante suyo le dábamos una oportunidad cada cierto tiempo (tener en cuenta que no existía wikipedia, ir a la tienda era una aventura), comprándole un disco, con la esperanza puesta en que hubiera reflexionado y se decidiera a hacer un poco de la buena música que, sabíamos, el hombre tenía para dar y tomar, y no aquel pastel merengado al que no había por donde hincarle el diente.

El caso es que te puedes informar fácilmente sobre como Muddy Waters pasó del “Delta del Mississippi” a Chicago, donde cambia su guitarra acústica por una eléctrica y con su “slide” se convierte en el padre del “Blues de Chicago”, del blues eléctrico en definitiva, e incluso algunos piensan que lo inventó casi todo en lo que a la evolución del blues se refiere. Bueno, y a toro pasado todo parece normal, pero igual hubo gente en su día preguntándose “-qué coño está pasando? qué es lo que tiene este tipo en la cabeza? Mierda, no entiendo nada!!”.

A mi me pasa con George Benson y en otro sentido ahora también con James Blood Ulmer. Es mas, hablamos de dos voces muy diferentes y dos guitarristas diferentes, y de historias opuestas. Cuando escuches el primer tema del disco, Going to New York, pensarás: Ieup! Un bluesman de los de toda la vida? Vaya voz! Su mamá trabajaba en un campo de algodón y el se crió allí, verdad? Puerta con puerta con Ray Charles“. Pues tal vez sea cierto, pero la historia no está tan clara. Yo he ido hurgando en la vida musical de este señor y desde luego hay preguntas que no me alcanzo a responder. Sus primeros registros discográficos se dieron como sesionista en algunos discos de jazz en la década de los 60. No os vayáis a pensar, al principio era un guitarrista rítmico con buen sonido, pero un solista irregular y ramplón, un poco desordenado y de tempo mas bien dudoso. Pero sobre todo, no cantaba (NO CANTABA!!!!!). Y no lo hizo hasta entrada la década de los 80. Antes, se quedó prendado del saxofonista Ornette Coleman, paladín del free-jazz, con el que colaboró en proyectos durante muchos años. Y aún durante los 80 y los 90 no se ha desprendido de la influencia y el hechizo de lo que se llamó avant-garde en aquel momento. Y es en esta década, la que ahora transcurre, en el siglo XXI, cuando de la mano del guitarrista Vernon Reid como productor (otro marciano) hacen este disco de sonido tan interesante, que suena a blues de toda la vida, con sabor a viejo, pero pásado por una capa de barniz moderno, sugerente, de unos freaks que no quieren desprenderse de una esencia muchos años vivida, pero que se han centrado en el blues decidiéndose a escuchar a su abuelita ya sin complejos. ¡Por fin, ya era hora! ¡Eureka!.

Y todos estos años escuchando música, buscando encontrar un disco que todavía no se había hecho, pasando de Johnny Winter a Stevie Ray Vaughan, con un ojo puesto en Jeff Beck y con el otro sin quitarle la vista a un errático y apoltronado Eric Clapton, mientras Ulmer era un cantante en la ducha…, y a saber que cantaba! Ahora… no puedo dejar de canturrear este “I’m going to New York” y no puedo dejar de pincharlo en las sesiones del Sifó, y no puedo dejar de poner links en el facebook, ni de hablar de él en este blog…

Rindo homenaje a Willy DeVille, otro gran personaje que nos ha abandonado! RIP (“Demasiado corazón”, quizás es eso lo que pasa)

spotify del disco: James Blood Ulmer – No Escape From The Blues

Trago recomendado: whisky on the rocks

¿Qué es peor que una pesadilla? Algo que parece una pesadilla pero no lo es.

Aparte de vivir en una ciudad grande, que no es lo mismo que una gran ciudad, me va a costar sacar de mi cabeza la imagen de esa chiquita que actuaba el otro día en la gala de los premios ONDA, Katy Perry. Acabo de encontrar su nombre en youtube, ya que merece ser mencionado. Los chicos de la banda, a los que no llamaré músicos, al menos por el espectáculo del otro día, iban disfrazados de rejoneadores o algo parecido, y ella, una guiri con el pelo recogido a lo folklórica, con un traje alquilado de la feria de abril, pero en una tienda de carnavales. Añádanle a la imagen el sonido de una voz desafinada y desagradable, porque se puede desafinar algo con gusto, pero… (suspiro)

No sigo por aquí porque me faltan palabras para expresar el horror que me produjo, pero ver la cara de sorprendidos que gastaban los presentadores de la gala, entre sonrojados y ofendidos, mereció la pena. Solo me imagino algo peor, y es que la voz del Follonero no dejara de sonar dentro de mi cabeza fuera donde fuese y a todas horas. Esta sería mi pesadilla.

Llevo varios días pensando si no me arriesgaba mucho al comentar un disco más complejo estéticamente (pudiendo perder a los dos o tres lectores que debo de tener), pues uno de los objetivos que me surgen naturalmente al escribir en este blog es poner mi granito de arena para difundir música que no tiene una gran repercusión mediática (por ello he tratado de mantenerme dentro de unos límites que yo juzgaba como adecuados para conseguir mi objetivo), y como consecuencia no es de tan fácil acceso para el gran público como el producto Katy Perry, que toca en la mencionada gala. Tampoco es que me importe el gran público. Qué se yo quien coñ* es y donde c*ño está. Sólo sé que por momentos este disco que se presenta así mismo como una extraña pesadilla, ahora se me presenta más como un cuento navideño. Gracias, Katy Perry. Es cuestión de prismas, y no quiero saber lo que para esta chica debe suponer una pesadilla. Sólo pensarlo me resulta obsceno.

Me consta que algunas personas (dos o tres) se han descargado varios de los discos sobre los que he escrito. Ahora pueden detestarme si realmente tienen extraños sueños tras escuchar este, o por el contrario se solidarizan conmigo y con mis delirios. Aquí pueden descubrir algunas músicas de Charles Mingus interpretadas por caballos de la escena jazzística contemporanea coregrafiados por Hal Willner, y más de uno se sorprendará al encontrar en algún tema la guitarra hilarante de Vernon Reid (Living Colour), o a Richard y Watts de los Stones transitando en este carrusel de sonidos al azar, junto a un buen número de nombres que participan en este homenaje.

Como estoy perezoso y tan parco en palabras como en imágenes musicales, os dejo un link donde Efren del Valle hace un comentario más centrado que el mío sobre el disco: http://www.tomajazz.com/musicos/mingus/vvaa_weird.htm

Recordando a mi amigo Dusan y su montaña, esto es lo que yo observaba desde la mía últimamente.