Brad Shepik – Across the way -2011- (un guitarrista diferente)

junio 25, 2012

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enlace a spotify: Mark Guiliana – Across the Way

La primera vez que vi a Brad Shepik en concierto fue en el Heineken Jazzaldia de San Sebastián, a finales del siglo pasado (que cosa da decir esto, no?), en el verano de 1996, tocando con Matt Darriau y su Paradox trío. Por aquel entonces entonces se hacía llamar Brad Schoeppach (entiendo por qué se cambió el apellido, joder) y no me resultaba del todo desconocido aunque ahora recuerde vagamente. Si tenía la sensación de haber escuchado ya a ese guitarrista de aspecto paliducho, muy rubio y con pinta de giri en la Electric Bebop Band del recientemente desaparecido Paul Motian, uno de mis baterías favoritos para siempre (Descanse en paz).

Los vi dos veces en aquellos días. La primera en el salón de plenos del Ayuntamiento, probablemente el primer año que pasaron el día inaugural del festival a los jardines de Alderdi Eder, una idea pensada más para la comodidad de sus señorías, de todas esas personalidades y su séquito, sus reservados y copas de cava que para el desarrollo de un buen concierto de jazz. Ese día no pasó gran cosa con Matt Darriau y su Parodox trío, tocando en un ambiente que no aportaba nada a la música gamberra y picante de raiz balcánica, con una base importante de folklore pero sumamente compleja a la vez. Frío, frío.

Esa noche hubo un montón de conciertos en varios escenarios cuyo hilo conductor fue una vez más el Jazz de New Orleans. Recuerdo con agrado el momento chiles con carne y arroz. También las gafas y la peineta de Martirio acompañada magistralmente por Chano Domínguez….

Les volví a ver en concierto dos días después. Era más de noche, después de la sesión oficial en un ambiente mucho más propicio. La gente, el público se amontonada en el Be-bop alrededor de los músicos, Mat Darriau descamisado tocando el saxo con violencia a la vez que pisaba casi de manera caótica y desenfadada una molesta pero graciosa bocina junto a la que no faltaba nunca una cerveza. Esa noche venían cargados de la mala sensación de la gala inicial y se despacharon a gusto. De lo que Brad Shepik tocó aquella noche tengo un lejano recuerdo, casi nulo. Recuerdo sin embargo la posición que ocupaban en el escenario, el set de percusión y al percusionista, Seido Salifoski, tocando la derbouka con una mano mientras con la otra le daba tiempo a pegar platos y muchas cosas más de esas que llevan los percusionistas. Qué loco! Impresionante. El chelo de 5 cuerdas de Rufus Cappadocia y sus dedos infinítamente largos, haciendo slap, realizando funciones de bajo, fraseando, soleando… Concierto memorable en una noche que además compartí con algunos amigos que fueron llegando de manera espontánea, sin haberlo planeado previamente. Eso me encanta de las noches de festival, también se improvisa fuera del escenario.

Conseguí el disco y con algunos amigos sacamos temas que versionamos en un proyecto que dio en llamarse Tabu-tabar, que tiempos aquellos… Después a Matt Darriau le perdí la pista, escuchando aquel disco cada cierto tiempo, pero la guitarra de Brad Shepik a ido rondándome y jugando al despiste conmigo hasta que este disco se cruzó en mi vida captando todo mi interés y hasta aquí los preliminares.

El primer tema es el mismo que da nombre al disco, Across the way. Como una declaración de intenciones lo primero que se escucha es la guitarra. Vamos allá chicos, empezamos con algo templadito… esos arpegios sugerentes definiendo una armonía de carácter modal, misteriosa, en un compás casi desconocido en el actual pop, 10/8 (3+3+4). Ahí está Mark Guiliana en la batería tras unas ruedas de guitarra, empujando con el Ride, no hay problema. Es uno de los baterías más inspirados del momento, la nueva hornada de jóvenes músicos de la movida en New York. Para ser tan joven, 22 años, ya ha grabado y girado por todo el mundo con músicos como Avishai Cohen o Dafher Yusseff. Una vez entra el ride no deja de empujarte infatigable hasta el final del tema. Una maravilla como toca, me encanta escuchar a este tío. Diría que no deja de empujarte hasta el final del disco.

Una vez presentado el clima arranca la melodía, el tema… y cuando termina la presentación del mismo ocurre algo bueno. El contrabajista Jorge Roeder, que se ha presentado discreto al inicio se descubre ahora como un solista brillante. Suyo es el primer solo del disco y rápidamente da muestras de tener un concepto del tempo hermoso, y es además melódicamente sorprendente teniendo en cuenta el instrumento. Se pueden cantar todos sus solos, que son numerosos por cierto. Me recuerda al mejor Javier Colina. Más adelante en el disco se hace evidente que esa cualidad viene porque su conocimiento de la música latina es más profundo de lo que se puede aprender en una escuela. Queda todo explicado cuando te enteras de que este jovencísimo músico, 22 años también, es de origen peruano. Escuchen sino el solo en el tema Germán Taco.

La sofisticación, el punto de contraste sonoro y armónico lo ofrece el vibrafonista Tom Beckham, además de ejercer de contrapeso a la juventud y desbordante energía de la base rítmica. Su fraseo y su concepto sutil de la armonía es el más abierto del grupo, contrastando con el lenguaje mucho más directo en general de Brad Shepik. Además es el encargado de colorear y de abrir los acordes, de generar espacios. Lo cual, añadido a lo especial que puede resultar el sonido de un instrumento como el vibráfono termina por darle una particular identidad al disco.

No podemos obviar el trabajo de composición de Brad Shepik. Me encanta que sea atrevido pero a la vez no tenga complejos estéticos. Es moderno, contemporáneo sin ser críptico, sin necesidad de sentirse extravagante. Conversando en Barcelona hace unos días con mi amigo Dusan Jevtovic, este me decía que ahora ya todo el mundo tiene buenos temas. No sé yo si todo el mundo, pero tal vez si se le esté prestando más atención a ese aspecto. Bienvenido sea. Se agradece que en un disco de jazz haya buenas ideas compositivas, temas reconocibles, arreglos meditados y que por momentos te encuentres silbando alguna de las muchas melodías.

Una experiencia recomendable que dejo descubráis a partir de aquí vosotros mismos.

Hace mucho calor así que yo lo que me voy a tomar mientras me preparo para disfrutar de la escucha es una cerveza bien fría. Una Coronita con su rodaja de limón se me hace muy apetecible. Buen viaje!

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