allen mississippi

Link a Spotify: Allen Toussaint – The Bright Mississippi

Bravo!

Llevo viajando unas semanas con este disco, viajando en el tiempo. Este disco conecta con hombres que nacieron a finales del siglo XIX, o en los comienzos del XX, y nos trae un pedazo de aquel “feel” y un interesante balance temporal. Estos hombres fueron la banda sonora de aquella época, y sus temas se tocaron y se tocan desde entonces por grandes artistas en los que han influido, músicos como Louis Armstrong, Duke ellington, Miles Davis, Jimmy Smith… la lista sería interminable. Esas melodías han transitado a lo largo de casi 100 años, vistiéndose a cada década con la ropa de momento, soportando dignamente el bop, el bebop, cantantes diversos de dispares estilos, interminables improvisaciones o breves versiones vocales, ritmos latinos, boogaloo, etc.

No sé como explicarlo bien, pero Allen Toussaint está en forma ahora mismo, al igual que el productor del disco Joe Henry. Dos artistas inspirados en un gran momento. Pero desde luego, el disco es una sorpresa teniendo en cuenta que el pianista tiene una larga historia como compositor de “Rhythm and Blues” y si hace unos meses escuchaba a Toussaint en su trabajo con Elvis Costello “The river in reverse”, ahora disfruto con esta delicia de disco, en el que todo suena al primer blues, el inicio del Jazz, la plataforma sobre la que se construyó la interesante historia de un siglo de música en un país que nos ha influido a todos, suena realmente evocador. Al igual que el encuentro de Charlie Haden con un entrado en años Hank Jones en “Steal away”, es una alegría ver envejecer tan dignamente, tan inspirados, tan sabios, a músicos de tamaña envergadura cuando entran en esa edad en la que se camina despacio, el la que uno se sienta lentamente y toca sin prisa. Lo mismo me ocurre si escucho a Kenny Barron arrancar con ese fraseo templado, esa pulsación bien conocida, que sabe a auténtico swing. Recuerdo su voz, al principio de un show con esa parsimonia, y aún sin entenderlo puedo visualizar como se le caían las palabras melodiosamente, pensadas, meditadas, sin lucha.

Una de las cosas que aprecio en gran medida (“mayormente”) es la capacidad de vivir ahora sin dejar de estar en ayer, y creo que no solo en la música, en la vida también me ocurre. No hablo de hace una semana, ni de treinta años, hablo de ese otro “Ayer”. Y este disco está tocado con el sabor de antaño, y ahí es ahí donde están los intérpretes mientras que Joe Henry viene a aportar ese “yo que sé” (¿la elección de los músicos?) que hace que el disco esté en el mundo “ahora” (Don Byron y su endemoniado clarinete tienen mucho que decir en dicha conexión), y ese trabajo en equipo genera la magia para que estos temas tocados sin vocación pirotécnica, se conviertan en una obra indudablemente bella. Aquí la música se convierte en un registro ya no solo músical, pues además del triste sentir de eternos adioses, de abandonos amorosos o la alegría de noches de fiesta, nos sugiere “imágenes” de un río, de los vapores, de los campos y ciudades, de gentes sudorosas castigadas por un cielo en llamas y la humedad que atrae a los mosquitos, imágenes de grandes películas, o de otros tantos films…

¡He dicho!

Así que, escuchando desde mi colina el lejano murmullo de las fiestas del “popular” y barcelonés barrio de Gracia, me internaré en mi cueva a intentar descansar lo más fresquito posible… entren sin llamar.

Trago recomendado: un refrescante “Hurricane” al estilo New Orleans, y si se hace demasiado ligero, yo lo dejaría en Ron a secas.

Sidney Bechet (1897, New Orleans, Louisiana)- Egyptian fantasy

Turner Layton (1894, Washington D. C.)- A dear old southland

Anonymus – St. James Infirmary

Con Conrand (1912) – Singin’ the blues

Jelly roll morton (1885) – Winin’ boy blues

Joe king Oliver (1885) – West end blues

Django Reinhardt (1910, Liberchies, Bélgica) – Blue drag

Traditional (s. XIX) – Just a closer walk with thee

Thelonious Monk (1917, Carolina del Norte) – Bright MIssissippi

Duke Ellington (1899, Washington D.C.) y Billy Strayhorn (1915, Dayton, Ohio) – Day dream

Leonard Feather (1914, London) – Long, long journey

Duke Ellington – Solitude

Músicos:

  • Allen Toussaint: piano, voz en “Long, Long Jorney
  • Don Byron: clarinete
  • Nicholas Payton: trompeta
  • Marc Ribot: guitarra acústica (no me lo saco de encima ni con agua hirviendo, la madre que lo parió…!!!)
  • David Piltch: upright bass
  • Jay Bellerose: batería y percusión

Invitados:

  • Brad Mehldau: piano en “Winin’ Boy Blues
  • Joshua Redman: saxo tenor en “Day Dream”

Scar – Joe Henry

julio 8, 2008

 

Opaco. No es oscuro, es bonito. Bonito y opaco. Suena mate. Y me gusta. Me gusta como suena, mucho. Luego me doy cuenta de que es un disco de canciones. Con música, eso si. Con espacio para la música. Comunión entre dos elementos que muchas veces están subordinados el uno del otro.

Normalmente cuando se hacen canciones la música esta pensada para acompañar sin molestar, fundirse hasta desaparecer con la melodía y el texto, sin vocación de tener una voz propia. Cuando la música tiene el poder, pasa algo parecido. El texto queda en un segundo plano, relegado a una serie de coros reiterativos, un mero artificio para excusar un patrón rítmico y el desarrollo de melodías de solistas ávidos. También se han molestado muchas veces al querer compartir protagonismo, y esto quizá sea más culpa de la música que de la canción, aunque podríamos hablar largo y tendido sobre ello.

Pero este es un disco de canciones, se podría decir en cierta medida que es un disco de pop. Y me da envidia. Pienso; quiero hacer algo así. Vaya, me gustaría. Pero claro… me paro a pensar y me digo a mi mismo que tengo que hacerme mayor. Tengo que estudiar, volver al colegio… a ver si recupero alguna clase que seguro me perdí!

Luego ves los nombres de los músicos que reunió para este proyecto este cantautor, músico y productor californiano, y no sabes si te quedarías más perplejo al escuchar lo que les hizo grabar sabiendo que eran ellos los que tocaban, o si después de haberlo escuchado te hubieran dicho quienes eran. Excepto quizás Ornette Coleman, cuyo saxo indomable resalta y a la vez se empata de una manera que parece haber venido de otra galaxia. Y le gustó el jamón y el vino, se quedó y todo bien, pero es de otra galaxia, seguro.

Me’Shell NdegéOcello al bajo, esta mujer autora de varios e interesantes discos y figura muy importante en la evolución del A&B, trabajando codo a codo con uno de los baterías más recalcitrantes e interesantes del jazz actual, Brian Blade, en la base rítmica. Y por arriba, el piano de Brad Mehldau (el pianista sin duda más importante de la música improvisada) y la guitarra de Marc Ribot (otra vez, lo sé) van tejiendo texturas y creando situaciones sobre las que Joe Henry presenta sus canciones. Quizás la magia reside en que nadie juega en casa, y todos están buscando su sitio. Todos están tocando otra música, distinta a la que hacen cada día en sus proyectos. Y el resultado del experimento es magnífico. También la aparición de las cuerdas ayuda a darle a la ecuación cierta cohexión final, como la harina en una salsa, como el perejil de Arguiñano. 

Un montón de ideas frescas en la producción, ejecutadas perfectamente y con el aire que solo le pueden imprimir a la música unos pocos cracs. Quizás uno de los discos que me ha gustado más en los últimos tiempos. De esos que te hacen recuperar la fe en el ser humano, en el arte y en la música en particular.