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Jazz en vivo y “gran banda”, aunque estos también podrían ser una buena panda (tiembla Sabina, que voy). Me sirve un paralelismo sobre la idea de Jorge Oteiza con el devenir de los remeros en las traineras, que navegan hacia el futuro mirando hacia atrás, y de esta manera a sus ojos se muestra el camino recorrrido. Así como los remeros, sentaditos por parejas (compartiendo atril), unidos en un mismo objetivo y paleando sincronizádamente, se me antoja la formación de esta trainera cuya patrona, Carla Bley, es la única que mira hacia el horizonte con el timón bien asido, otras veces tras la tapa de un piano de cola.

Por supuesto que la bandera que ondea en esta embarcación es pirata, y el más pirata sin duda es Gary Valente, con su poderosísimo trombón, salpicado del humor y la picaresca que su capitana busca y promueve en el a veces errático y caótico rumbo musical. Ya en el primer tema se le puede escuchar en todo su esplendor, pues es el suyo el segundo solo después de la improvisación del saxo alto de Wolfgang Pusching. En el solo de saxo se escucha más el espíritu de aquel Cannonball Adderley de la época Miles, ese bop más bluesy, mientras el de trombón es más directamente cabaretero, con frases cortas y punzantes y ese sonido roto del que Tom Waits se sentiría orgulloso. Y vaya toda mi admiración hacia el señor Valente del que me declaro fan y rindo desde aquí homenaje gráfico por todos los buenos momentos que me ha hecho pasar, recordando particularmente una actuación de la big band de Carla Bley hace algunos años en el festival de jazz de Vitoria-Gazteiz. No es que valga para mucho la ofrenda, pero le pongo todo mi sentir.

gary_valente

La sensación orquestal es maravillosa. La cantidad de posibilidades y situaciones musicales que se abren al poder mover las voces, contrastar secciones, añadir o suprimir instrumentos, la potencia que alcanza la orquesta cuando de repente suenan todos a una… uff, despeina!! Se pueden desarrollar aspectos más sinfónicos de la música y contrastarlos con otros en los que suena un cuarteto clásico de jazz, o tan solo un saxo tenor y la batería. Podéis escuchar un solo de saxo barítono por Julián Argüelles, el tenor de Andy Sheppard (uno de los pilares de esta “big band” junto con el bajista Steve Swallow, viejo compañero de aventuras musicales de Carla Bley) o algunas trompetas realmente interesantes. Toda una experiencia sonora altamente recomendable para amantes de la música swing, un poco transgresores también… quizás!

En los tiempos que corren, tal y como está el negocio de la música, es tan milagroso como de agradecer poder escuchar a una orquesta numerosa (me explico, cuantos más músicos mas cara y difícil será la contratación y mayor la cantidad de dinero en sueldos, menos porcentaje o menos bolos en definitiva), y si resulta además que no tiene nada que envidiar a las big bands de otra época, cuando se tocaba cada noche y había gran competencia entre ellas… pues que quieren que les diga, pienso que estamos de suerte y a un servidor se le escapa una sonrisilla complaciente.

Carla Bley, cofundadora del sello Watt junto a Steve Swallow y al amparo de ECM, nos brinda una vez más la posibilidad de asomarnos a un mundo donde se dan matices imposibles y de un humor ciertamente singular (la web del sello es un claro ejemplo de ese humor). A continuación les dejo con la lista de intérpretes, la de temas y un link al Spotify donde podrán escuchar este y otros discos de una de las Big Bands más formidables de nuestra época. Yo, entre tanto, voy subiendo a mi montaña desde donde una vez más esperaré ocioso ver aparecer una bandera pirata en el horizonte, hablándole a una vieja botella de ron y haciendo la O con un canuto.

Temas

  • 1. Greasy Gravy
  • 2. Awful Cpoffee
  • 3. Appearing Nightly at the Black Orchid ( I. 40 On/20 Off – II. Second Round – III. What Would You Like to Hear? – IV. – Last Call )
  • 4. Someone to Watch
  • 5. I Hadn’t Anyone Till You


Músicos

  1. Earl Gardner trumpet
  2. Lew Soloff trumpet
  3. Florian Esch trumpet
  4. Giampaolo Casati trumpet?
  5. Beppe Calamosca trombone
  6. Gary Valente trombone
  7. Gigi Grata trombone
  8. Richard Henry trombone
  9. Roger Jannotta soprano and alto saxophones, flue
  10. Wolfgang Puschnig alto saxophone, flute
  11. Andy Sheppard tenor saxophone
  12. Christophe Panzani tenor saxophone
  13. Julian Argüelles baritone saxophone
  14. Carla Bley piano, conductor
  15. Karen Mantler organ
  16. Steve Swallow bass
  17. Billy Drummond drums

El link al Spotify: Carla Bley – Appearing Nightly

enlace a Grooveshark: You never know – Peter Erskine

Para los que vivimos los 80 o emergimos musicalmente de ellos, fue complicado encontrar alternativas que encajasen con una sensibilidad más personal, si se quiere diferente de un sentir generacional o popular, populista diría yo. Era aquel un momento musical en que el rock y todas sus variantes junto con el punk arrasaban en todos los pueblos y capitales, y formar parte de una tendencia era casi imprescindible para lograr cierta integración social (rockabillys, moods, heavys, rastas… lo que quisieras). Las modas eran más definidas y fuertes si cabe que hoy, y tenían un componente muy importante de conciencia de clase.

En ese contexto tan agitado y belicoso, el sello discográfico ECM se convirtió para algunos en salvavidas estético, oasis para el oído y brújula que colocaba al norte de Europa en un lugar importante de una nueva corriente, dentro y fuera del jazz. De la mano de Manfred Eicher, fundador, ideólogo y productor de la mayoría de los discos, el sello se dedicó desde 1969 a grabar a artistas que por no ser su propuesta convencional, etiquetable o fácilmente explicable para un sello mas claramente englobado en un género, no encontraban su lugar en ninguna otra discográfica. De ahí que artistas de la talla de Pat Metheny, Keith Jarret, The Art Ensamble of Chicago y muchos otros, que desde dentro del jazz apuntaban a músicas más abiertas y que no tenían el swing en su raíz, terminaran por cruzar el Atlántico y recalaran en Munich para grabar sus discos, donde ECM tiene su cuartel general.

Un buen ejemplo del sonido ECM, es este You never know, firmado por el batería Peter Erskine (aún hoy uno de los baterías en activo más respetados), al que acompañan el bajista Palle Danielsson y el pianista John Taylor, tres de los artistas más importantes y proliferos del sello. No es new age, no es jazz, no es pop… creo que la mejor definición es que es puramente música.

El disco se abre con New old age, una joya de tema, en el que el piano juega con un motivo rítmicamente reiterativo para crear una atmósfera de aire impresionista, en verdad delicada y de gran belleza, donde el contrabajo y la batería han de desarrollar nuevas formas de acompañar para no romper el clima. No es esta la única joya del disco, que pasa por diversas fases musicales, acercándose más al jazz por momentos y alejándose en otros, habitando en un lugar propio y donde se habla con una voz muy particular.

Volveré a hablar sobre ECM, pues no me cabe aquí y ahora todo lo que este pequeño e independiente sello a conseguido, navegando en un terreno casi abandonado, sin singles en cuarenta principales, con una música a veces experimental, otras tremendamente hermosa, dando cabida también a aquella música “clásica” que nadie quería grabar, extendiendo su influencia a Sudamérica y a Norteamérica gracias a dos sub-sellos (Carmo y Watt respectivamente), donde un buen número de artistas tuvieron la posibilidad de realizar trabajos con cierta continuidad, y de crear música que no hubiera podido materializarse de otra manera, quizás.

Solo me queda estar agradecido, porque me ha dado mucho, y me consta que no soy el único. No seremos mayoría, pero no estamos solos.

Trago recomendado: una buena taza de café italiano, mañanero!